Cristina Weber volvió a ser noticia a nivel nacional. Su aparición en un programa de televisión abierta renovó el interés por su historia y le trajo una avalancha de mensajes desde distintos puntos del país. «Estos días están siendo muy caóticos; me están llegando un montón de mensajes y solicitudes en Instagram para participar en diferentes medios», contó en una entrevista con Canal Doce. «Estoy muy grata por el cariño que estoy recibiendo», agregó.
Nacida y criada en Paraje Doradito, en Colonia Aurora, Weber cursa actualmente un doctorado en Mendoza como becaria del CONICET. Su línea de investigación apunta al diagnóstico temprano de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y el Alzheimer. «Ahora estoy trabajando en un diagnóstico temprano para enfermedades neurodegenerativas», explicó, y detalló que el proyecto avanza: «Ya he tenido resultados preliminares en modelos de ratones y ahora estoy esperando la aprobación del comité de bioética para trabajar con muestras de pacientes humanos».
Ese paso hacia estudios con muestras humanas representa una etapa clave para evaluar el potencial de los biomarcadores que estudia su equipo.
Sobre un eventual regreso a Misiones, la respuesta fue clara: «Me gustaría volver». Más aún, reveló que ya tiene conversaciones avanzadas para impulsar iniciativas científicas en la provincia. «Ya empecé a trabajar con uno de los secretarios de Misiones para hacer algo de neurociencia en la provincia en un futuro, porque es un área que todavía no está explorada», señaló.
Su recorrido hasta llegar a los laboratorios de investigación estuvo marcado por el esfuerzo desde la infancia. Creció en una chacra del interior misionero y recuerda aquellos años con franqueza: «La vida de la chacra es muy sufrida, es trabajar de sol a sol todos los días». Desde pequeña supo que quería otro camino: «Yo me quejaba y decía: eso no es para mí. Empecé a soñar con salir de la chacra».
Llegar a la escuela tampoco fue sencillo. Durante la primaria debía caminar entre siete y ocho kilómetros diarios para asistir a clases. «La escuela primaria fue un sacrificio; caminaba 7 u 8 kilómetros porque no teníamos movilidad», recordó.
Luego ingresó a la primera promoción de la Escuela Técnica de Producción Agropecuaria de Guaraní Nº 9, donde consiguió una beca de la Asociación Conciencia que la sostuvo económicamente desde la secundaria hasta el final de la universidad. «La asociación se contactaba con gente de bajos recursos y te daban una beca económica con una tutora para el acompañamiento», explicó.
Mudarse a Posadas para estudiar en la Universidad Nacional de Misiones fue otro desafío. «Yo, una chica del interior, nunca había ido a Posadas. Ir a vivir sola allá fue un mundo muy difícil de transitar», recordó. Ese esfuerzo tuvo su recompensa en 2023: se recibió de bioquímica con el mejor promedio de su camada. «Me egresé como Bioquímica, fui el mejor promedio de la camada y me dieron la medalla de oro de la universidad», destacó.
Una pasantía en el Instituto Balseiro fue el punto de inflexión que la orientó hacia la investigación científica, camino que hoy la tiene trabajando en uno de los campos más relevantes de la neurociencia aplicada.
Weber también reivindicó la formación universitaria que recibió en la provincia: «Los egresados de la UNaM salimos de Misiones para buscar otras oportunidades, pero las capacidades las tenemos».
Y dejó un mensaje para quienes hoy atraviesan situaciones similares a las que ella vivió: «Que sigan soñando y empiecen a construir su futuro hoy con lo que tengan».