Yanina Lindgvist tiene 28 años, es oriunda de Campo Ramón y hoy encabeza el Autoservicio y Carnicería El Jireh, en Posadas. Su historia en el rubro no empezó detrás del mostrador sino frente a una computadora: durante años se dedicó a tareas administrativas y al manejo de los números del negocio.
Fue la observación cotidiana la que la fue acercando al trabajo de los carniceros. «Siempre mi tarea fue más administrativa, pero me fui interesando por el trabajo que hacían los chicos, observando, aprendiendo y poniéndole mano a la carne. Así fui adquiriendo conocimientos», contó.
Hoy su jornada combina la gestión del local con las labores propias del oficio: elabora milanesas y embutidos, atiende al público, colabora con los cortes y participa en el desarme de medias reses, una de las tareas más exigentes de la carnicería. Sobre esa última actividad, admitió que demanda esfuerzo físico pero que también es de las experiencias que más le dejó el trabajo. «Me lleva mi tiempo, pero lo hago. Cansa el brazo. Para una mujer yo creo que eso sí cansa más, pero también es práctica. Es lindo, muy lindo aprender», señaló.
Yanina reconoce que todavía existen prejuicios en el sector. «Me ha pasado que viene un cliente y parece que espera que aparezca el carnicero hombre. No sé si porque me conocían de otra función o porque soy mujer», relató entre risas. Sin embargo, no lo considera un obstáculo y sostiene que el compromiso vale más que el género. «El trabajo no tiene discriminación de sexo. Seas hombre o mujer, tenés que dar lo mejor de vos, hacerlo con cariño y eso se va a notar», afirmó.
Oscar, uno de sus compañeros, valoró el desempeño de Yanina con palabras directas. «Trabajar con ella es un gusto porque es una gurisa que le pone una voluntad tremenda a todo. Lo que más destaco es el coraje que le pone: desarmar una media res no es pavada, te liquida los brazos, pero ella se la banca sola y le da para adelante con una técnica impecable. Es una compañera de fierro, siempre está atenta para darte una mano cuando el mostrador se llena de clientes», aseguró.
La propia Yanina describe con humor la dinámica diaria junto a ese compañero. «Vengo acá y peleo con el carnicero. Siempre me pone a hacer cosas que son de él. Todo lo que no quiere hacer me lo manda a mí», bromeó.
Sobre el trato con los clientes, destacó que el equipo apuesta a un clima cercano. «Siempre tratamos de que sea un ambiente familiar porque somos chiquitos y queremos que nuestros clientes se sientan como en casa cuando vienen a comprar», dijo.
Yanina también participa en el desarrollo de nuevas propuestas para el local: junto al equipo trabajó recientemente en un corte especial orientado a quienes buscan una opción más económica para el asado durante el Mundial. «Siempre trato de aprender más. Creo que todo lo que puedas aprender es ganancia. Mis padres me enseñaron a ser trabajadora y eso me acompaña en todo lo que hago», expresó.
Con informacion de Primera Edicion.