La inestabilidad climática dejó de ser una preocupación abstracta para convertirse en un problema concreto en los campos del NEA. En menos de un año, Misiones pasó de un récord histórico de calor en febrero a heladas que rozaron marcas mínimas sin precedentes, con consecuencias directas sobre la producción agropecuaria provincial.
Según los registros del INTA, en febrero de 2026 se midió una temperatura máxima de 40,5 °C, el valor más alto registrado para ese mes en la historia climática de la región. En el invierno anterior, el termómetro bajó hasta los 7,1 °C bajo cero a cinco centímetros del suelo.
El agrometeorólogo José Olinuck analizó el panorama en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones. Señaló que el frío actual es adecuado para la época y resulta beneficioso para varios cultivos y frutales, especialmente después de meses marcados por temperaturas extremas y sequías. «Para las plantas el frío actual es positivo», indicó, y explicó que las bajas temperaturas graduales permiten que los cultivos entren en reposo de forma natural, reduciendo el impacto de las irrupciones polares bruscas.
El especialista precisó que el riesgo mayor aparece cuando mayo se mantiene demasiado cálido y los descensos se producen de forma abrupta en junio o julio. «Si las temperaturas previas son elevadas, los daños son mucho mayores», afirmó. Por ahora, las heladas registradas fueron «muy suaves y débiles», con daños mínimos y localizados en plantas sensibles y zonas bajas.
Olinuck también destacó el aporte de estas jornadas frías a la acumulación de «horas frío», un factor clave para la floración y fructificación de los frutales. Recordó que el año pasado, tras un junio y julio muy fríos, la floración y fructificación de durazneros, ciruelos y frutas nativas fue notable. Además, las bajas temperaturas estacionales mejoran la concentración de azúcares en las plantas cítricas, lo que redunda en una mejor calidad de fruta para el ciclo siguiente.
Sin embargo, el principal riesgo para las economías regionales está en las heladas tardías. Las ocurridas en septiembre, históricamente esporádicas, se convirtieron en el mayor foco de preocupación para cultivos como el té, que en esa época del año se encuentra en plena brotación y floración. Un evento tardío puede traducirse en pérdidas directas de cosecha.
En cuanto a la ganadería, la situación es más compleja. La falta de lluvias homogéneas durante el primer trimestre del año desarticuló la estrategia de reserva forrajera para el invierno. Olinuck señaló que productores de Andresito atravesaron una situación crítica por la escasez de precipitaciones entre enero y marzo. «Tuvieron que largar los animales y consumir la reserva», contó, y agregó que algunos debieron vender hacienda antes de lo previsto por la falta de pasturas.
El déficit hídrico no fue parejo en toda la provincia. Mientras algunas zonas del centro registraron hasta 180 milímetros de lluvia en febrero, localidades del norte como Comandante Andresito no superaron los 50 milímetros en ese período.
De cara al mediano plazo, las proyecciones anticipan la consolidación del fenómeno de El Niño, con lluvias por encima de lo normal. Esa perspectiva obliga a los productores a reorganizar el manejo del suelo y las cuencas hídricas para reducir la erosión y preservar vertientes y estanques en las chacras.
Con informacion de Primera Edicion.