Día del Suelo: Misiones avanza en políticas de conservación para proteger la base de su producción agropecuaria

La pérdida de una cosecha es un golpe que se ve y se siente de inmediato. La degradación del suelo, en cambio, avanza en silencio y puede comprometer la productividad de una chacra durante generaciones sin que el daño resulte evidente hasta que ya es tarde.

Cada 7 de julio, el Día Nacional de la Conservación del Suelo pone en primer plano uno de los recursos más críticos para la producción de alimentos. A diferencia de otros insumos, el suelo no tiene reemplazo: formar apenas unos centímetros de tierra fértil lleva cientos de años, mientras que una lluvia intensa sobre un lote mal manejado puede arrastrarlos en pocas horas.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte desde hace años que la degradación del suelo es una de las principales amenazas para la seguridad alimentaria global. La erosión, la pérdida de materia orgánica, la compactación y el uso inadecuado reducen la capacidad de producir alimentos, retener agua y sostener la biodiversidad.

En Misiones, el problema tiene características propias. Las precipitaciones anuales superan ampliamente los 2.000 milímetros en varios sectores de la provincia, y el relieve de lomadas y pendientes convierte a la erosión hídrica en uno de los principales enemigos del productor. Cuando el suelo queda desnudo o sin prácticas de conservación, cada tormenta arrastra la capa más fértil —donde se concentra la materia orgánica y los nutrientes— hacia arroyos y ríos.

El impacto va más allá de los rendimientos agrícolas: disminuye la capacidad de infiltración del agua, aumenta el escurrimiento superficial, crecen los riesgos de inundación y se deteriora la calidad de los cursos de agua por el arrastre de sedimentos.

Este diagnóstico impulsó en los últimos años un cambio de enfoque en la producción. La pregunta ya no es solo cuánto producir, sino cómo hacerlo sin comprometer la capacidad productiva de las próximas décadas. Bajo ese criterio, la agricultura conservacionista promueve mantener el suelo cubierto la mayor parte del año, reducir el laboreo, respetar curvas de nivel, incorporar terrazas y utilizar rotaciones o cultivos de cobertura que amortigüen el impacto directo de las lluvias.

En los rubros tradicionales de Misiones —yerba mate, té, forestación, tabaco y horticultura— estas prácticas ganaron terreno a medida que los propios productores comprobaron que cuidar el suelo también mejora la rentabilidad. Un suelo sano retiene mejor la humedad, requiere menos correcciones, aprovecha con mayor eficiencia los fertilizantes y ofrece más estabilidad frente a fenómenos climáticos extremos.

La provincia tomó nota de esto y avanzó en una política pública concreta: la creación del Instituto Misionero del Suelo, que funciona en el ámbito del Ministerio del Agro y la Producción. El organismo lleva adelante investigaciones, programas de capacitación para productores y técnicos, asistencia para la recuperación de áreas degradadas y cartografía de alta precisión para planificar un uso más eficiente del territorio.

Misiones fue además una de las primeras provincias del país en contar con legislación específica sobre conservación de suelos, estableciendo que los ambientes con procesos de degradación o en riesgo de sufrirlos constituyen un bien de interés público.

El ministro del Agro y la Producción, Facundo López Sartori, sintetizó la postura oficial al señalar que «cuidar el suelo es cuidar la base sobre la que se desarrolla toda nuestra producción».

Ninguna tecnología, fertilizante ni maquinaria puede recuperar un suelo fértil una vez perdido por erosión. Las decisiones que se toman hoy en cada chacra determinarán, en buena medida, la productividad de las próximas generaciones.

Con informacion de Primera Edicion.