Cada año, el Día Mundial de las Abejas busca concientizar sobre la importancia de estos insectos para el ser humano y alertar sobre los factores que amenazan su supervivencia. Según los expertos, el uso de pesticidas, la presencia de insectos invasores, los cambios en el uso de la tierra, los monocultivos y el cambio climático son las principales amenazas para las poblaciones de abejas en todo el mundo.
Durante mucho tiempo, el conocimiento popular sobre estos insectos se limitaba a que producen miel y que pican. Sin embargo, la ciencia amplió considerablemente esa mirada. David Quesada, veterinario español especialista en apicultura, señala que las abejas son excelentes rastreadores de la calidad ambiental: a través de una colmena es posible obtener miles de muestras de plantas del entorno para evaluar los niveles de contaminación.
Sus usos van incluso más allá. En Croacia, tras la guerra de los Balcanes, abejas adiestradas fueron utilizadas para localizar minas antipersonas. En otras regiones del mundo, se las empleó para reducir el conflicto entre comunidades rurales y elefantes, cuya caza había aumentado por el destrozo de cosechas. La apicultura también se aplica en programas educativos y laborales en contextos carcelarios, como herramienta de integración social.
A nivel productivo, Argentina es uno de los principales exportadores mundiales de miel: más del 95% de su producción se destina al mercado externo. En Misiones también hay producción apícola y de buena calidad, aunque en ocasiones no alcanza para cubrir la demanda interna.
Por otro lado, las abejas se convirtieron en modelos biológicos de relevancia científica, comparables al rol que cumplen los ratones en la investigación experimental.
Entre sus aportes más concretos se destacan cuatro áreas:
Polinización: junto con mariposas y colibríes, las abejas son fundamentales para que las plantas produzcan semillas y frutos. Sin ellas, gran parte de la cadena alimentaria se vería afectada.
Biodiversidad: al polinizar distintas especies vegetales, contribuyen a sostener la flora y la fauna de cada región.
Alimentación: la miel y la cera tienen valor nutritivo, medicinal y terapéutico.
Economía: la apicultura genera ingresos significativos para productores rurales en numerosos países.
Las colmenas producen varios elementos de valor. La miel es el más conocido: energética, desinfectante y cicatrizante, también colabora en la digestión y alivia síntomas de resfríos. La jalea real —consumida exclusivamente por las reinas— ayuda a mejorar la circulación y a regular el colesterol y la glucosa. El polen tiene propiedades antiinflamatorias y analgésicas, recomendado para quienes sufren cansancio o astenia. El propóleo, con propiedades antibacterianas y analgésicas, se utiliza para afecciones respiratorias y dolores de garganta, con estudios que avalan su uso en enfermedades cardiovasculares. La cera, por su parte, es nutritiva para la piel y el cabello, y se incorpora en productos de belleza y depilación natural.
En cuanto a su composición, la miel contiene minerales como calcio, hierro, magnesio, zinc, fósforo y potasio, además de aproximadamente la mitad de los aminoácidos conocidos, ácidos orgánicos, vitaminas del complejo B, C, D y E, y antioxidantes como flavonoides y compuestos fenólicos. Su color varía según la fuente floral y la química de cada variedad.
Una advertencia importante: gran parte de la miel que circula en el mercado puede estar adulterada, por lo que se recomienda conocer su origen. La miel natural no caduca; como dato histórico, se han encontrado vasijas con miel en perfecto estado de conservación en pirámides egipcias.
Para una persona sana, sin problemas de peso ni consumo excesivo de azúcar, la recomendación es no superar una cucharita de miel por día —entre 10 y 12 gramos—, lo que equivale a unos cuatro kilos al año.
Entre sus beneficios documentados se mencionan la regulación del azúcar en sangre, la reducción del estrés metabólico, la mejora de la calidad del sueño, un efecto laxante suave gracias a su contenido de fructooligosacáridos, la posible reducción de alergias estacionales si se consume miel local antes de la floración, propiedades cicatrizantes y antibacterianas para heridas y quemaduras menores, beneficios para la piel seca, influencia en la regulación hormonal y apoyo al sistema inmunológico por sus propiedades antibacterianas y antifúngicas.
Con informacion de Primera Edicion.