Día Mundial del Biodiésel: historia y presente de un combustible que nació de aceites vegetales

El 10 de agosto tiene un lugar fijo en el calendario energético mundial: es el Día Internacional del Biodiésel. La elección de esa fecha no es arbitraria. Remite al momento en que el ingeniero alemán Rudolf Diesel logró encender con éxito su primer motor, en 1893, valiéndose de aceite de palma como combustible.

El camino hasta ese hito no fue sencillo. Diesel buscaba superar las limitaciones de las máquinas de vapor, que consideraba ineficientes y costosas. Su primer intento, en 1892, terminó en explosión: utilizó amoniaco como combustible y el accidente dejó heridos a él y a sus colaboradores. Su patrocinador, Carl Linde, le retiró el apoyo financiero. Fue Heinrich von Buz, director de la firma metalúrgica MAN, quien le dio una nueva oportunidad.

El 10 de agosto de 1893, el motor funcionó. Años después, en la Exposición Universal de París de 1900, Diesel presentó su máquina funcionando con aceite de maní. Y en 1912, en un discurso, sostuvo que «el uso de aceites vegetales para el combustible de los motores puede parecer insignificante hoy, pero tales aceites pueden convertirse, con el paso del tiempo, importantes en cuanto a sustitutos del petróleo y el carbón de nuestros días».

Esa convicción es la que inspiró la creación de la fecha conmemorativa. Sin embargo, los aceites vegetales tienen una viscosidad casi diez veces mayor a la del gasoil convencional, lo que los hace incompatibles con los motores modernos. La solución que más se ha desarrollado consiste en hacerlos reaccionar con alcoholes livianos, como el metílico, obteniendo así el biodiésel.

Técnicamente, el biodiésel es el éster metílico resultante de la reacción de transesterificación entre un triglicérido —aceites vegetales o grasas animales— y un alcohol liviano, destinado a reemplazar al gasoil de origen fósil. Existe también una variante llamada diésel renovable, que somete esos mismos insumos a alta temperatura, presión e hidrógeno para obtener moléculas similares a las del combustible fósil.

Al considerar el ciclo completo de emisiones, el biodiésel y el diésel renovable reducen las emisiones de gases de efecto invernadero en torno al 80% respecto al gasoil convencional.

En Argentina, el marco legal para el uso de biocombustibles llegó con la Ley 26.093, que entró en vigencia en 2010 y estableció un corte mínimo obligatorio del 5% de biodiésel en todo el gasoil para uso automotor y del 20% para generación eléctrica. Este último porcentaje nunca se cumplió.

Además de su impacto ambiental, la producción de biodiésel tiene una dimensión económica: fomenta el desarrollo agroindustrial, genera empleo y permite transformar residuos industriales y de cocina en energía.

Con informacion de Primera Edicion.