La esperanza no es solo un consuelo emocional: desde la psicología se la define como una actitud realista que mejora el bienestar, fortalece la resiliencia y protege la salud física y mental. Es, en términos técnicos, una «superhabilidad» del ser humano.
Esta perspectiva tiene respaldo científico. Un metaanálisis realizado sobre más de 229.000 personas indica que las personas optimistas tienen un 35% menos de riesgo de sufrir eventos cardiovasculares y un 14% menos de mortalidad por cualquier causa. No se trata de pensamiento mágico, sino de un factor protector concreto.
La esperanza funciona, según esta visión, como un motor que ayuda a mantener la perspectiva ante situaciones difíciles. Cuando se activa, facilita la toma de decisiones y permite evaluar los problemas bajo nuevos criterios, haciendo visibles aspectos que antes no se podían ver.
Ahora esa idea tiene también su propio día en el calendario internacional. La Asamblea General de la ONU adoptó el 4 de marzo de 2025 la resolución 79/270, que designa el 12 de julio como Día Internacional de la Esperanza.
La iniciativa partió de Kiribati, un pequeño país insular del Pacífico que celebra su fiesta nacional ese mismo día. El simbolismo es preciso: ubicado junto a la línea internacional de cambio de fecha, Kiribati es uno de los primeros países en ver salir el sol cada mañana.
Según consta en los fundamentos de la resolución, la ONU impulsó la efeméride porque la esperanza no es ingenuidad, sino una herramienta de supervivencia colectiva. Frente a guerras, crisis climáticas o problemas de salud mental, el organismo la plantea como un valor que fortalece tanto a las personas como a las comunidades.
La efeméride es muy reciente, pero su mensaje es simple: cultivar una mirada esperanzada tiene efectos reales. Si hoy no estuvo bueno, mañana saldrá el sol, primero en Kiribati.
Con informacion de Primera Edicion.