El gorgojo del tabaco, conocido científicamente como Lasioderma serricorne, dejó de ser una aparición esporádica en la cadena yerbatera. Las consultas provenientes de distintos establecimientos de la provincia motivaron a un equipo del INTA Cerro Azul a sistematizar información sobre la plaga y ponerla a disposición del sector.
El documento fue elaborado por Diana Ohashi, Daniela Sofía Ayala, Guillermo Arndt y Maricel Bálsamo. El trabajo describe al insecto como una plaga de productos almacenados, reconocida mundialmente por afectar al tabaco, pero con capacidad de desarrollarse sobre una amplia variedad de sustratos secos. No ataca plantas en pie: el problema surge en la etapa de almacenamiento e industrialización, después de la cosecha.
Los registros en yerba mate tienen historia en la región. Una referencia de 1936 de la Estación Experimental de Loreto ya lo mencionaba. Años después fue identificado en establecimientos de Montecarlo y Oberá, y también estudiado en Colonia Liebig, Corrientes. El volumen de consultas de los últimos años confirma que hoy es una plaga presente en la industria.
El insecto adulto es un pequeño escarabajo de dos a tres milímetros, de color castaño rojizo y forma ovalada. Sin embargo, es la larva la que provoca el mayor daño: se alimenta del material seco y construye cámaras pupales con restos de alimento y secreciones. Puede hallarse en yerba canchada, costuras de bolsas, bolsones, pallets, paredes y sectores donde se acumulen polvo y residuos.
El riesgo más serio no pasa necesariamente por la cantidad de yerba que el insecto consume. «Aparte de reducir la calidad del producto, lo más grave es que podría aparecer en los paquetes que llegan al consumidor final, lo que puede afectar mucho la imagen de una marca», advirtió Ohashi.
Por eso, la detección temprana es clave. La investigadora recomendó «realizar observaciones periódicas, aplicar Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) en la industria y usar trampas de luz», dentro de una estrategia sostenida de monitoreo.
El documento indica que deben revisarse galpones, cámaras de estacionamiento, sectores de canchado, zarandeo y embolsado, y cualquier punto donde se acumule polvo o restos de yerba. En bolsas y bolsones hay que prestar atención a costuras, perforaciones y presencia de adultos en la superficie. Se aconseja comenzar por los lotes con mayor tiempo de almacenamiento.
El insecto puede moverse entre establecimientos a través de pallets, bolsas y bolsones compartidos, incluso vacíos. Los adultos también vuelan y pueden ingresar a galpones con portones abiertos, sobre todo al atardecer o de noche cuando hay luces encendidas.
Para el seguimiento se describen dos herramientas. Las trampas comerciales con feromonas sexuales y placas adhesivas atraen a los machos, aunque tienen vida útil limitada y pierden eficacia en ambientes con mucho polvo. Las trampas de luz, en cambio, aprovechan la atracción natural de los adultos hacia fuentes luminosas, pueden fabricarse localmente, durar varios años y servir tanto para monitoreo como para reducir la población.
Las observaciones se recomiendan con una frecuencia semanal o quincenal, registrando la cantidad de insectos capturados. Las mayores densidades aparecen en los períodos más cálidos, especialmente en primavera y verano.
Más allá de las trampas, la medida central es impedir que el insecto encuentre alimento y refugio para completar su ciclo. «La forma de prevenir sería realizando Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) en la industria, especialmente manteniendo el orden y la limpieza de las distintas áreas, porque la acumulación de polvo y restos de yerba funciona como reservorio de la plaga», explicó Ohashi.
La publicación apunta a brindar herramientas concretas a secaderos, molinos y depósitos. Inspeccionar regularmente, llevar registros y mantener los ambientes limpios resulta más eficaz y menos costoso que actuar cuando la población ya creció.
Con informacion de Primera Edicion.