El Gusano Loco, la chocolatada y la escondida: los posadeños recuerdan su infancia sin pantallas

Con motivo del Mes de las Infancias y el Día del Niño, recorrimos las calles de Posadas para escuchar a los vecinos: qué jugaban, qué regalos guardaron en la memoria y qué momentos de aquella infancia todavía llevan consigo.

«¡Punto y coma, el que no se escondió se embroma!». La frase remite a tardes que parecían no tener fin, cuando para divertirse alcanzaba con un grupo de amigos y algo de inventiva. La escondida, la mancha, el elástico, el tejo, el pisa pisuela, las bolitas, el trompo y el fútbol en la vereda eran los protagonistas. Y si no había juguete, se hacía uno.

Algunos lo recuerdan con precisión: autitos fabricados con latitas de picadillo y madera. Otros evocan tardes jugando a las muñecas, cocinando con frutas del árbol, cambiando pañales imaginarios e invitándose a comer entre vecinos. «Éramos comadres entre nosotros y vecinos», contó una de las entrevistadas.

Los juegos también tenían sus reglas no escritas, incluso horarias. Una vecina de 67 años contó que en su casa se jugaba principalmente los fines de semana, porque todos trabajaban durante la semana. «Estaba todo controladito», recordó, mientras describía los terrenos amplios donde se juntaban con los vecinos del barrio.

Entre los regalos más recordados aparecen muñecas, Barbies, pelotas, autitos y juegos de cocina. Una entrevistada aún conserva la primera muñeca que le regalaron a los cuatro años. «Sea la muñeca que sea, era la más linda», dijo. Otra mencionó con especial cariño un pequeño autito rosa, similar a un fitito, que recibió de niña, y reconoció, entre risas, que lo valoraba también porque así no tenía que usar los autitos de su hermano, al que describió como «odioso».

También aparecieron en los recuerdos un walkman con cassette incluido y una carpeta de Batman que para uno de los vecinos fue «un regalo maravilloso».

Pero el Día del Niño no siempre giró en torno a desenvolver un regalo. Para muchos posadeños, el recuerdo central es el paseo. «Mi papá siempre nos llevaba al Gusano Loco. Ahí nos compraba pancho, helado. Eso el Día del Niño era tradicional», contó uno de los entrevistados. Otro evocó los colectivos con pasaje gratuito para los chicos y las jornadas en El Brete, y la chocolatada que cerraba el día en barrios, escuelas y clubes.

Cuando se les pregunta qué queda de aquella infancia, los posadeños no hablan solo de juguetes. Hablan de vecinos, plazas, veredas y tardes enteras jugando. Había menos pantallas, pero sobraban excusas para salir. Y algunos clásicos, como la escondida, la pelota, el Gusano Loco y la chocolatada, siguen apareciendo cada vez que un posadeño vuelve, aunque sea por un momento, a su niñez.

Con informacion de Misiones Online.