El Instituto Misionero del Cáncer cumplió ocho años con una feria que puso a los pacientes en el centro

El Instituto Misionero del Cáncer (IMC) llegó a sus ocho años con una celebración distinta a la habitual: la segunda edición de la Expo-Feria y Festival «Vida y expresión en el proceso oncológico», realizada este viernes en la explanada del predio La Cascada, sobre la costanera de Posadas.

La jornada convocó a pacientes, familiares, profesionales y vecinos en un espacio que combinó feria de producciones, expresiones artísticas, música, danza, gastronomía y actividades recreativas. También hubo stands informativos sobre la red de salud provincial y espacios para fortalecer el vínculo entre quienes transitan tratamientos, sus familias y los equipos sanitarios.

La directora del IMC, Dra. Marcela Kober, destacó el recorrido institucional en estos ocho años. «Son ocho años de enorme crecimiento como institución, como recurso humano, como equipo de salud que nos pudimos consolidar cada vez más para la atención integral de una persona con cáncer», señaló en diálogo con Canal Doce.

Entre los avances más relevantes, Kober mencionó la incorporación de la investigación clínica. «Significa la posibilidad de acceder a los últimos tratamientos oncológicos para distintos tipos de cáncer y eso eleva la calidad de atención», explicó, y agregó que esta área abre nuevas alternativas para los pacientes: «Brinda más posibilidades de poder acceder a tratamientos o que logren la curación o que logren prolongar la vida».

Sin embargo, la directora subrayó que el crecimiento del instituto va más allá de lo edilicio o prestacional. «Una institución no puede crecer sin la parte humana. Nosotros no somos nada sin los pacientes oncológicos», afirmó.

Esa perspectiva fue el eje de la expo-feria. Los emprendimientos y producciones exhibidos no fueron solo muestras de trabajo, sino también expresiones de personas que encontraron distintas formas de atravesar una etapa difícil de sus vidas, algunas de ellas como fuente de ingreso económico y otras como canal para volcar lo que sienten durante el proceso.

Una de esas historias fue la de Ana Pizak, paciente y emprendedora, que llegó a la feria con Ania, su proyecto de muñecos de apego y ropa para bebés. Su vínculo con el IMC comenzó cuando, tras completar un programa de seis meses en una escuela de negocios, recibió un diagnóstico de cáncer de mama. «Yo al IMC lo relacionaba con muerte, con un lugar feo en el que nunca quería entrar. Pero ahí, finalmente, me encontré con gente hermosa», relató.

A partir de esa experiencia, Ana comenzó a entregar turbantes, a compartir su testimonio y a participar en la elaboración de almohadones ortopédicos con forma de corazón junto a otras personas. «En el grupo donde hacemos los almohadones nos enteramos de historias, hacemos amistades y nos sentimos acompañadas», contó.

También se ocupó de que más pacientes pudieran participar del festejo: consiguió una combi e invitó a personas que, según relató, muchas veces permanecen aisladas y desconocen las actividades que se desarrollan en torno al instituto.

Kober destacó que la celebración fue el resultado de un trabajo sostenido a lo largo de todo el año. «Esto no es el trabajo de un día, hemos trabajado todo un año en conjunto con los pacientes y las familias para poder llegar a hoy y que se pueda demostrar nuestro trabajo diario», afirmó.