El Turismo Carretera volvió a Posadas y el Autódromo Rosamonte desbordó de pasión

El Autódromo Rosamonte fue el epicentro de una fiesta que arrancó días antes de que los motores se pusieran en marcha. Familias, grupos de amigos y seguidores solitarios llegaron a Posadas desde distintos rincones del país con banderas, camisetas y los colores de sus pilotos y escuderías, dispuestos a no perderse ni un minuto de la fecha.

La preparación formó parte del ritual. Muchos aficionados montaron carpas, gazebos, casillas rodantes y motorhomes en los alrededores del predio antes de la apertura de puertas, mientras otros hicieron fila para asegurarse una ubicación con buena visibilidad. Para estos fanáticos, una fecha del TC no empieza cuando salen los autos a la pista, sino mucho antes.

Adentro del autódromo, los campamentos pintaron el paisaje con los colores de Ford, Chevrolet, Torino, Dodge, Toyota y Mercedes-Benz, reflejando las rivalidades históricas que definen al automovilismo argentino. La calle de boxes también tuvo su cuota de emoción: allí los visitantes pudieron acercarse a los autos, ver trabajar a los equipos y buscar una foto o un saludo de los pilotos.

El frío y el cielo nublado no achicaron el entusiasmo. Los asistentes aguantaron las bajas temperaturas con mates y comida preparada en los campamentos. El humo de las parrillas mezclado con el olor a combustible compuso esa atmósfera particular que los misioneros ya asocian con cada visita del TC a la provincia.

El domingo la convocatoria llegó a su punto más alto. Desde temprano, miles de personas se ubicaron en las tribunas y distintos sectores del circuito para seguir las series y finales del TC Pista y del Turismo Carretera. Más allá de los resultados, el fin de semana dejó imágenes de reencuentros y celebraciones entre personas que comparten una pasión que se transmite de generación en generación.

Con informacion de Misiones Online.