Familias misioneras recortan el carrito y se endeudan para llegar a fin de mes

El deterioro del poder adquisitivo se siente en los comercios de Misiones: menos primeras marcas en el changuito, más cuotas en la tarjeta y, en muchos casos, préstamos personales para pagar lo que ya se debía. Así describe el escenario Carlos María Beigbeder, integrante de la Cámara de Comercio de Posadas (CCIP), quien analizó la situación en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones.

Beigbeder advirtió que «la pérdida del poder de compra real está muy por encima de las estimaciones oficiales» y fue directo sobre la situación de los trabajadores estatales: «aquel empleado público que tiene un solo ingreso está por debajo de la pobreza». El sector privado, señaló, está algo mejor, pero «sigue estando por debajo de la línea de flotación».

El dato de contexto es elocuente: según un informe de la consultora Analytica, «completar un carro de supermercado mensual cuesta cerca de 912 mil pesos», una cifra que supera el ingreso promedio en la provincia. Cuando a eso se suman alquiler, servicios y gastos escolares, según Beigbeder, «las familias que dependen de un único salario quedan desprotegidas, obligando a que ambos adultos deban trabajar para subsistir».

Uno de los cambios más preocupantes es la forma en que se financia la compra de alimentos. El representante de la CCIP explicó que «las compras con la tarjeta están siendo muy utilizadas», pero alertó sobre el límite de esa estrategia: «llega un momento que se paga el mínimo, el límite de la tarjeta y se va a quedar sin saldo, por lo que no se podrá seguir financiando». El paso siguiente, en muchos casos, es sacar un préstamo personal para saldar la deuda del plástico que se usó para comprar comida.

En las góndolas, los cambios son visibles. Los consumidores dejaron las marcas líderes en limpieza e higiene y pasaron a las opciones más económicas, lo que provoca desabastecimiento rápido de segundas y terceras marcas. La carne vacuna también cedió terreno: Beigbeder indicó que «se empieza a comprar arroz, fideos y se deja el asado como única opción, por ahí, una vez por mes, reemplazando la carne de vaca por opciones como el pollo o el cerdo para abaratar costos».

Para no perder clientes, muchos comerciantes decidieron absorber los costos financieros de las operaciones con tarjeta. Beigbeder lo sintetizó así: «en el plan de vender uno termina relegando hasta el costo que se genera por hacer una compra con tarjeta de crédito».

Desde la CCIP también apuntaron al contexto nacional de las pequeñas y medianas empresas, y señalaron que el Gobierno nacional «mira para otro lado ante el cese de actividades de miles de empresas en todo el país, lo que ya dejó a una gran cantidad de trabajadores en la calle».

En cuanto a precios, el ritmo de aumento se desaceleró a variaciones de entre el 2 y el 4 por ciento cada dos o tres meses, pero la situación no mejora porque los salarios permanecen estancados. Las perspectivas para lo que resta del año apuntan a la continuidad de esta meseta recesiva.

Con informacion de Primera Edicion.