Femicidio de Patricia González en Posadas: «Si una víctima vuelve con el agresor, es cuando más atentos tenemos que estar»

El femicidio de Patricia Raquel González, empleada municipal asesinada en Posadas, reabrió una pregunta que el sistema de protección a las víctimas de violencia de género no termina de responder: qué sucede después de una denuncia, y qué pasa cuando una mujer retoma el vínculo con quien la agredió.

La subsecretaria de Relaciones con la Comunidad y Violencia, Sandra Galeano, habló con FM 89.3 Santa María de las Misiones tras conocerse el crimen. «Estamos muy consternados con la noticia. La verdad que nos duele a todos. Creemos que la muerte de una mujer en manos de un agresor es inadmisible, no se puede comprender, no se puede entender», dijo.

Galeano reconoció que cada nuevo caso obliga a revisar procesos, tiempos y responsabilidades. «¿Llegamos tarde de nuevo?», se preguntó en voz alta.

El caso tenía un antecedente concreto: González había realizado una denuncia por violencia el año pasado. A partir de ese dato, la funcionaria puso el foco en lo que ocurre después de la primera intervención estatal. Señaló que cuando una mujer vuelve con su agresor, la respuesta no debe ser el juicio sino una alerta mayor. «Siempre escuchamos que se juzga a la víctima que vuelve con su agresor luego de la intervención del Estado, y esto es lo que no tenemos que aceptar», remarcó.

Explicó que ese regreso no siempre es una decisión libre: puede estar condicionado por amenazas, extorsión, dependencia económica, miedo o por el ciclo propio de la violencia. Por eso insistió en que, si una mujer vuelve, «es por algo», y que es justamente en ese momento cuando más acompañamiento necesita.

Galeano también advirtió sobre el doble castigo social que enfrentan muchas víctimas: cuestionadas por haber denunciado y también por haber regresado. Esa presión, sostuvo, profundiza la soledad y explica por qué en algunos casos las mujeres retoman el vínculo o visitan al agresor incluso cuando está detenido. Para la funcionaria, esos comportamientos deben leerse desde la complejidad del círculo de la violencia, no desde el prejuicio.

En relación con el entorno de González, contó que vecinos la describían junto a su pareja como una pareja «correcta», «amable» o «amigable». Sin embargo, advirtió que la violencia suele ocurrir puertas adentro. «Aparentemente. Pero las cuestiones pasan entre cuatro paredes y ahí es donde tenemos que mirar las alertas», afirmó.

Sin señalar una responsabilidad única por lo ocurrido, Galeano apeló a una corresponsabilidad entre el Estado, la Justicia, las instituciones y el entorno cercano de la víctima. Les pidió a las familias que no se desentiendan cuando una integrante atraviesa una situación de violencia y que, si saben que volvió con su agresor, actúen. «Estén atentos 24/7. Y si saben que volvió con el agresor, vuelvan a hacer la denuncia, vuelvan a pedir ayuda. No se cansen de denunciar», pidió.

Reconoció que muchas personas se frustran cuando reiteran denuncias sin ver respuestas rápidas, pero insistió en que esas presentaciones son el mecanismo que permite al Estado intervenir. «Es la única manera en que esa situación llega a nuestro conocimiento», explicó, refiriéndose al conjunto de instituciones que actúan en estos casos.

Sobre la capacidad operativa del área, informó que la sede central de la Subsecretaría recibe entre 200 y 250 personas por semana, y que ingresan entre 300 y 400 denuncias o pedidos de intervención mensuales, muchos de ellos derivados por el Poder Judicial. A eso se suman llamados a la Línea 137, mensajes de WhatsApp y derivaciones de municipios, comisarías de la Mujer y áreas de género.

Destacó además el rol de policías y docentes como denunciantes en casos donde la víctima no logra identificar la violencia o se niega a radicar la denuncia. «Esos compromisos institucionales son parte de la red que permite intervenir», señaló.

Por último, Galeano ubicó la problemática en un contexto más amplio, nacional e internacional, donde los discursos que instalan la duda sobre las «denuncias falsas» terminan colocando a las víctimas en una posición defensiva antes incluso de pedir ayuda. Según explicó, cuando se cuestiona de manera permanente la palabra de las mujeres, muchas comienzan a preguntarse si les van a creer y si su caso será juzgado.

Con informacion de Primera Edicion.