Las modificaciones administrativas que el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) publicó en el Boletín Oficial pueden simplificar algunos trámites para los operadores del sector, pero están lejos de atender el problema real que enfrenta la producción primaria. Así lo planteó Roberto Ferreyra, director del organismo en representación de la Asociación de Productores Yerbateros y Tareferos del Alto Uruguay, en declaraciones a FM 89.3 Santa María de las Misiones.
Las resoluciones aprobadas por mayoría en el Directorio incluyen la eliminación del tope que limitaba la cantidad de estampillas que los operadores podían solicitar mensualmente en función de su promedio de comercialización, y la incorporación de un plazo de gracia para la presentación de declaraciones juradas y otros trámites administrativos.
Ferreyra reconoció que la eliminación del límite de estampillas puede beneficiar a marcas pequeñas que necesiten aumentar su producción o trabajen bajo el sistema de elaboración a fasón —modalidad en la que una empresa procesa el producto por encargo de otra—. Sin embargo, advirtió que el debate en torno a ese punto distrae de la cuestión central.
Según sus estimaciones, la estampilla representa alrededor de $25 por kilogramo de yerba mate, mientras que la producción primaria pierde anualmente entre $250.000 y $300.000 millones. Ese dinero, subrayó, deja de circular en las localidades del interior misionero vinculadas con la actividad, reduce el consumo y termina frenando la economía de los municipios yerbateros.
Para el dirigente, el origen del problema estructural está en la eliminación de la facultad que permitía al INYM reunir a todos los eslabones de la cadena y fijar un precio mínimo para la hoja verde. Sin esa herramienta, señaló, el productor quedó expuesto a una negociación desigual y vende su materia prima por debajo de los costos.
Ferreyra ubicó el costo de producción en aproximadamente $473 por kilogramo de hoja verde, mientras que los valores efectivamente cobrados rondan, según describió, «doscientos y pico» y unos $300 puestos en secadero. Con ese monto deben sostenerse el productor, el tarefero y el transportista. En esas condiciones, la actividad deja de ser viable para los establecimientos pequeños y medianos.
La caída de la producción no derivó en una mejora de los precios. Al comparar los datos de 2024 y 2025 con los primeros meses de 2026, Ferreyra señaló que la producción de hoja verde acumuló una merma cercana al 33%. La yerba canchada bajó de aproximadamente 345 millones de kilogramos en 2024 a 311 millones en 2025, una contracción de alrededor del 10%, sin que eso se tradujera en una recuperación proporcional para los primeros eslabones.
Esos números contradicen, a su juicio, la promesa de que la liberación del mercado mejoraría los valores a través de la oferta y la demanda. Por eso calificó el proceso de desregulación como un fracaso para la producción primaria, aunque aclaró que el negocio yerbatero en su conjunto no está paralizado: el producto sigue vendiéndose, las exportaciones crecen y las grandes industrias mantienen su actividad. El conflicto, planteó, está en cómo se distribuyen los ingresos a lo largo de la cadena.
Como referencia de la asimetría, Ferreyra mencionó que la producción total del año pasado rondó los 889 millones de kilos de hoja verde y que algunos de los principales operadores procesan cerca de 200 millones. Esa diferencia de escala impide, sostuvo, hablar de una negociación equilibrada entre la gran industria y el productor familiar.
También cuestionó el argumento empresarial que reclama mayor eficiencia y apertura de mercados. Coincidió en la necesidad de que el sector crezca e innove, pero señaló que ese proceso no puede financiarse con precios que condenen a miles de familias productoras a trabajar por debajo de sus costos.
Muchos pequeños y medianos productores siguen en actividad porque sostienen los yerbales con ingresos de otras tareas dentro de sus chacras, explicó. La consecuencia es el abandono de fertilizantes, herramientas y tecnología: en lugar de invertir, realizan solo las tareas imprescindibles y postergan cualquier mejora. A eso se suma la migración de pequeños productores y tareferos hacia Brasil en busca de trabajo.
El crecimiento de las exportaciones tampoco se reflejó en el ingreso de quienes producen la hoja verde. Ferreyra recordó que durante años se tomó como referencia que el valor de la materia prima puesta en secadero representara aproximadamente el 10% del precio final en góndola, un vínculo que, a su entender, se deterioró con la desregulación.
El director también comentó que mantuvo reuniones con funcionarios nacionales del área de Desregulación, quienes plantearon como objetivo lograr una yerba más barata para el consumidor. Frente a esa postura, explicó que la demanda de yerba mate es relativamente inflexible: quien consume dos kilos por mes no pasará a consumir cinco solo porque el precio baje, a diferencia de lo que podría ocurrir con otros alimentos como la carne.
En ese sentido, consideró que reducir el precio final no garantiza una expansión proporcional del consumo, y que quienes terminan absorbiendo ese ajuste son los eslabones más débiles de la cadena.
Para Ferreyra, la función central que debería recuperar el INYM es la posibilidad de intervenir en la fijación de un valor mínimo para la materia prima. Aclaró que regular no implica frenar el mercado, sino evitar que la hoja verde se compre por debajo de su costo. Actualmente, el productor absorbe la inflación y el aumento de insumos sin capacidad de trasladarlos al precio de su producto.
Ante la pérdida de esas facultades tras el DNU 70/2023, las asociaciones de productores avanzaron en la elaboración de un proyecto de ley de emergencia para la producción primaria. La iniciativa fue presentada al gobernador de Misiones y luego a representantes del Poder Legislativo provincial. El objetivo es crear herramientas temporales que impidan que los productores entreguen la hoja verde por debajo de los costos hasta que el INYM pueda recuperar su capacidad de intervención.
Con informacion de Primera Edicion.