Gobernar Misiones desde adentro: la apuesta por descentralizar el Estado

Hay una idea que durante mucho tiempo se dio por sentada: que Misiones se explicaba desde Posadas. Como si la capital concentrara no solo las decisiones, sino también el peso real de la provincia. Es una mirada parcial. El rol central de Posadas nadie lo discute, pero una provincia no se construye únicamente donde están los ministerios. También se construye donde se trabaja la tierra, donde se abre un comercio, donde una escuela funciona o donde alguien espera que el Estado aparezca antes de que el problema se vuelva irreversible.

Uno de los rasgos más notorios de la actual gestión provincial es justamente ese: la decisión de acercar el Estado al territorio. Las recorridas de Hugo Passalacqua por distintos municipios, los gabinetes itinerantes y la práctica de que sean los propios ministros quienes se trasladen para escuchar a los intendentes apuntan en esa dirección. No es un gesto menor. Gobernar desde el escritorio siempre fue más cómodo, y la comodidad sostenida suele derivar en distancia y deterioro.

Una obra de agua en Almafuerte, un camino rural en San Pedro, una escuela en Bernardo de Irigoyen o una cooperativa en Andresito tienen el mismo valor estratégico que cualquier decisión tomada en la capital. Cuando los recursos son escasos, la cercanía deja de ser un gesto político para convertirse en una herramienta concreta de gestión. Un funcionario que recorre el territorio probablemente entienda un problema mejor que quien solo lo conoce a través de un informe.

Otra discusión que parece estar resolviéndose en la práctica es la que durante años enfrentó artificialmente experiencia con renovación. La gestión pública necesita las dos cosas: dirigentes con trayectoria que conocen el territorio y administraron crisis, y referentes más jóvenes con otra lectura del presente. Renovar no implica reemplazar una generación por otra, sino lograr que ambas trabajen juntas.

A eso se suma otra línea de la gestión que Passalacqua viene sosteniendo: la necesidad de que Misiones piense con autonomía. No como un gesto de aislamiento, sino como una respuesta concreta a un contexto nacional donde los recursos se reducen y las responsabilidades se trasladan a las provincias. En ese marco, administrar con independencia deja de ser una consigna para convertirse en una obligación cotidiana.

Esa orientación se refleja en decisiones recientes: créditos para productores, alivio fiscal para pequeños contribuyentes, programas de financiamiento, regularización de tierras, apertura de mercados para la yerba mate y obras que quizás no ocupen portadas nacionales pero modifican la vida cotidiana de quienes las necesitan.

Los liderazgos más sólidos, por lo general, no son los que concentran todas las decisiones, sino los que construyen equipos capaces de sostener un proyecto. Distribuir responsabilidades y confiar en quienes conocen cada realidad local es también una forma de ejercer el poder. Esa parece ser la apuesta de fondo: no una nueva estructura política, sino una manera distinta de entender qué significa gobernar una provincia tan extensa y diversa como Misiones.