INTA Montecarlo avanza en el estudio de fertilización para nuevas plantaciones de yerba mate

Instalar una nueva plantación de yerba mate es una apuesta de largo plazo. La elección de los plantines, la preparación del suelo y la fertilización inicial son decisiones que marcan el rumbo del cultivo durante años. Sin embargo, frente a la creciente variedad de fertilizantes y bioinsumos que ofrece el mercado, los productores no siempre cuentan con información objetiva para comparar alternativas.

Para aportar datos concretos, un equipo de la Estación Experimental Agropecuaria Montecarlo del INTA realizó un ensayo en el que comparó veinte tratamientos diferentes, incluyendo fertilizantes minerales, bioestimulantes y microorganismos promotores del crecimiento. El trabajo midió el efecto de cada alternativa sobre el establecimiento y desarrollo inicial de una plantación durante los primeros 27 meses desde la implantación.

Norberto Pahr, investigador de INTA Montecarlo y responsable del estudio, explicó que el objetivo fue generar información sobre productos que hoy tienen los productores a su disposición, sin buscar recomendar uno por encima de otro, dado que el comportamiento de cada fertilizante depende de las condiciones en que se aplica.

Los resultados mostraron que, si bien algunos tratamientos presentaron mejores respuestas en las primeras mediciones, esas diferencias tendieron a achicarse con el tiempo. El estudio concluye que la fertilización es una herramienta relevante dentro del manejo del cultivo, aunque su efecto debe analizarse junto con otros factores que intervienen en el desarrollo inicial.

Uno de los aspectos que llamó la atención del equipo fue el crecimiento general de la plantación, que los investigadores calificaron como muy satisfactorio. Pahr lo atribuyó a un conjunto de decisiones tomadas desde el inicio: «Nos sorprendió el excelente crecimiento de las plantas, pero creemos que fue la respuesta a un trabajo bien realizado desde el principio: una adecuada preparación del terreno, plantines de buena calidad, una correcta implantación y condiciones climáticas favorables durante el establecimiento».

Entre las prácticas previas a la plantación se realizaron roturación profunda del suelo, subsolado de las líneas de plantación, sistematización del terreno y uso de plantines homogéneos provenientes de un vivero especializado. Para los investigadores, ese manejo integral explica en gran medida los resultados observados.

El trabajo también incluyó un análisis económico que contempló el costo de los productos utilizados y el valor obtenido en la primera cosecha, correspondiente a la poda de formación realizada a los 27 meses. Según Pahr, en las condiciones evaluadas ninguno de los tratamientos logró compensar completamente el costo adicional de la fertilización respecto del testigo sin aplicación de productos. Sin embargo, aclaró que eso no significa que fertilizar carezca de utilidad, ya que los beneficios podrían manifestarse en cosechas posteriores o en aspectos no medidos a partir de la producción inicial.

«Falta seguir evaluando estas parcelas. Algunos productos podrían haber favorecido un mayor desarrollo del sistema radicular y ese efecto recién podría manifestarse más adelante, tanto en la producción como en la respuesta de las plantas frente a situaciones de estrés, como una sequía», indicó el investigador.

Más allá de los resultados por tratamiento, el equipo subraya que la fertilización debe entenderse como parte de una estrategia de manejo orientada a mantener la fertilidad del suelo en el tiempo. «Cada cosecha extrae nutrientes del sistema y, si esos nutrientes no se reponen, el suelo va perdiendo progresivamente su capacidad productiva. El desafío consiste en encontrar esquemas de reposición que permitan mantener ese equilibrio», sostuvo Pahr.

Con informacion de Primera Edicion.