La floricultura misionera tiene una nueva herramienta en desarrollo. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y Biofábrica Misiones trabajan en conjunto para validar el cultivo in vitro de crisantemos como método para generar plantas madre sanas, con identidad varietal, destinadas a la producción local de esquejes.
El ingeniero agrónomo Ricardo Haussecker, especialista en floricultura de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Montecarlo, explicó que el objetivo central es verificar que el material obtenido mediante esta técnica funcione correctamente en condiciones reales de producción: «Lo que buscamos es validar que las plantas que vienen del cultivo in vitro se comporten agronómicamente bien cuando son llevadas a condiciones de producción».
El cultivo in vitro consiste en multiplicar plantas a partir de pequeñas porciones de tejido vegetal en ambientes controlados. Su principal ventaja es que permite obtener material sano y rejuvenecido, apto para usarse como base en la generación de plantas madre y, a partir de ellas, esquejes para los productores.
El ensayo se llevó a cabo en un invernadero de la Estación INTA Montecarlo con tres variedades de crisantemo (Chrysanthemum × morifolium): «Margarita», «San Vicente Fresco» y «San Vicente Fideo». El material fue multiplicado por Biofábrica Misiones, que también ajustó el protocolo de producción in vitro.
Los tiempos registrados durante el desarrollo de las plantas fueron precisos: los primeros pimpollos aparecieron a los 36 días de la plantación, la floración comenzó a los 71 días y la cosecha se realizó a los 95 días.
Cada variedad mostró un perfil diferente en cuanto a calidad comercial. «Margarita» tuvo las varas más largas, con un promedio de 69,29 centímetros, y el mayor número de flores abiertas por planta, con 16,48 unidades. «San Vicente Fresco» registró el mayor número de tallos por planta, con 2,26, mientras que «San Vicente Fideo» se destacó por el diámetro de sus capítulos, que alcanzó los 11,71 centímetros. El peso fresco no mostró diferencias significativas entre las tres variedades.
Para Haussecker, los resultados tienen una implicancia directa para el sector: «Tener plantas madre producidas localmente permite contar con un material que tiene identidad varietal y que puede ser multiplicado para abastecer a los productores».
El avance también apunta a reducir la dependencia de esquejes y plantas provenientes de otras regiones del país. Generar ese material en Misiones implicaría contar con insumos de características conocidas y reproducibles, adaptados a las condiciones locales.
El trabajo entre INTA y Biofábrica busca así convertir una herramienta biotecnológica, hasta ahora asociada a laboratorios especializados, en un componente concreto del sistema productivo florícola de la provincia.