Investigación de la UBA: compuestos de la yerba mate podrían retrasar la aparición del Parkinson

Científicos del Instituto de Biociencias, Biotecnología y Biología Traslacional (iB3) de la Universidad de Buenos Aires concluyeron, tras más de diez años de investigación, que ciertos compuestos de la yerba mate podrían contribuir a retrasar la muerte de las neuronas dopaminérgicas, las células afectadas en la enfermedad de Parkinson.

El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que se desencadena cuando entre el 60% y el 80% de esas neuronas mueren. Su pérdida compromete el control de los movimientos del cuerpo, y uno de los grandes desafíos científicos actuales es encontrar formas de frenar ese deterioro.

El investigador Juan Ferrario, a cargo del Laboratorio de Neurobiología de la Enfermedad de Parkinson del iB3, explicó que el equipo logró demostrar en cultivos celulares que el mate puede retrasar la muerte de esas neuronas. Estudios realizados en colaboración con la doctora Irene Taravini y su equipo de la Universidad Nacional de Entre Ríos mostraron además una protección de alrededor del 12% en modelos con ratones. Ferrario aclaró que esos datos todavía no pueden trasladarse directamente a seres humanos, aunque los consideró una señal positiva para continuar investigando.

El principal compuesto señalado por los investigadores es el ácido clorogénico, un antioxidante que representa aproximadamente el 40% de los componentes químicos de la yerba mate. Este compuesto activa una enzima llamada AMPK, que cumple un rol clave como sensor energético en las células de los mamíferos.

Según el equipo, tanto los extractos de yerba mate como el ácido clorogénico estimulan la AMPK y favorecen la autofagia, un mecanismo por el cual las propias células eliminan sus desechos internos. Las enfermedades neurodegenerativas suelen asociarse precisamente a la acumulación de proteínas y residuos que las neuronas no logran procesar con eficiencia. Al activar esa especie de sistema de limpieza celular, los compuestos del mate permitirían que las neuronas dopaminérgicas funcionen durante más tiempo.

Los investigadores remarcaron que aún queda un recorrido largo antes de poder confirmar estos efectos en personas. Advirtieron también que el avance de los estudios está condicionado por las dificultades de financiamiento que enfrentan las universidades públicas y el sistema científico argentino en la actualidad.

Con informacion de Primera Edicion.