Los palitos de yerba mate, residuo abundante de la actividad yerbatera misionera, podrían tener un destino más productivo. Investigadores del INTA Cerro Azul trabajan en la producción de biocarbón —también conocido como biochar— a partir de ese subproducto, con miras a mejorar las propiedades de los suelos agrícolas y contribuir a la gestión ambiental.
El biocarbón se obtiene mediante un proceso llamado pirólisis: la biomasa se somete a altas temperaturas en condiciones de bajo contenido de oxígeno, lo que genera un material estable con elevada concentración de carbono. Una vez incorporado al suelo, puede permanecer durante largos períodos y contribuir a la captura de carbono atmosférico.
Para avanzar en la investigación, el equipo diseñó junto a una metalúrgica local un horno tipo Kon-Tiki, conocido también como horno de «cortina de llamas». Este sistema transforma distintas capas de biomasa en biocarbón mediante combustión controlada y puede adaptarse a diferentes escalas productivas.
Los análisis físicos y químicos realizados sobre las muestras obtenidas de palitos de yerba mate arrojaron resultados alentadores: se registró un elevado contenido de carbono estable, condición clave para el almacenamiento a largo plazo. Además, el material cumple con los parámetros establecidos por normas internacionales de calidad para biocarbón, lo que respalda su potencial uso en distintos sistemas productivos.
La siguiente fase del estudio apuntará a evaluar el comportamiento del biocarbón como componente de sustratos para producción vegetal, analizando su influencia sobre las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo y su impacto en el crecimiento de diferentes cultivos.