La comunidad venezolana en Misiones vive con angustia el terremoto que devastó su país

El terremoto que golpeó a Venezuela dejó víctimas fatales, miles de personas sin hogar y una estela de destrucción que se extiende más allá de sus fronteras. En Misiones, cientos de venezolanos atraviesan jornadas cargadas de incertidumbre y dolor, pendientes de cada mensaje o llamada que les confirme que sus seres queridos siguen con vida.

Desde que se produjo el movimiento sísmico, los teléfonos no dejaron de sonar. Las videollamadas y las redes sociales se convirtieron en el único puente posible entre quienes emigraron y quienes permanecen en Venezuela.

«Han sido días de muchísimo suspenso y desesperación», resumió León Toro, referente de Arepa Viva, organización que agrupa a buena parte de la comunidad venezolana en Misiones. En diálogo con la FM 89.3 Santa María de las Misiones, amplió: «Desde la tarde en que ocurrió el terremoto vivimos una situación de frustración, de desamparo y de enorme preocupación. Somos casi nueve millones de venezolanos que estamos fuera del país y todos estamos pendientes de nuestros afectos. A medida que pasan las horas la angustia crece porque las noticias que llegan son realmente muy duras».

Para Toro, la tragedia dejó de ser una noticia internacional en cuestión de minutos. Su hija estaba en un café cuando ocurrió el sismo. «Logré ver el video. Ella alcanzó a salir hacia el estacionamiento antes de que la estructura sufriera daños importantes. Fueron segundos que marcaron la diferencia entre la vida y la muerte», relató. Su hermana también vivió una situación límite: estaba en un aeropuerto esperando un vuelo cuando parte del techo colapsó. Pudo ser rescatada esa misma noche y trasladada a Caracas.

Aunque su familia directa salió ilesa, el panorama es distinto para quienes los rodean. «Nuestros familiares están bien, pero no puedo decir lo mismo de varios amigos, compañeros de trabajo, colegas y profesores. Muchos de ellos desgraciadamente murieron durante el terremoto». Y agregó: «Cada mensaje que llega trae un nombre nuevo, una historia nueva. Es muy difícil procesar tanto dolor estando tan lejos».

La distancia, que en tiempos normales ya pesa, se vuelve insoportable en una emergencia de esta magnitud. «Lo más duro es la sensación de impotencia. Uno siente la necesidad urgente de viajar, de abrazar, de ayudar, de remover escombros si hace falta. Pero no puede», expresó Toro. «Uno se queda con la sensación de que no está haciendo nada. Es un sentimiento muy doloroso porque sabemos que nuestras familias necesitan ayuda y nosotros estamos acá, sin poder hacer demasiado».

En medio del dolor, Toro destacó la reacción solidaria de los propios venezolanos. «He visto cómo quienes fueron menos afectados salieron inmediatamente a ayudar a otros. Personas en motos, camionetas y autos particulares llevando agua, alimentos, ropa, colchones y medicamentos a las zonas devastadas». Para él, esa respuesta refleja el carácter de su pueblo: «Los venezolanos hemos aprendido a resistir. Somos un pueblo resiliente. No nos paralizamos frente a las dificultades; intentamos ser del tamaño de los problemas que nos toca enfrentar».

También advirtió que el contexto previo agravó las consecuencias. «El país ya venía atravesando una crisis social, económica y política muy profunda. Muchas infraestructuras estaban deterioradas y eso hizo que las consecuencias del terremoto fueran todavía peores». Entre las zonas más castigadas mencionó el barrio Sarría, en Caracas, y señaló que el estado Vargas concentra el escenario más crítico: «Hoy probablemente sea la mayor zona de desastre. Hay edificios completos que colapsaron, familias enteras viviendo en la calle, personas sin alimentos, sin agua y sin un lugar donde dormir».

Sobre el fenómeno sísmico en sí, explicó que los especialistas hablan de un doblete: «Primero ocurrió un terremoto de magnitud 7,1 y casi inmediatamente otro de 7,5. El segundo terminó liberando una enorme cantidad de energía y provocó daños todavía mayores». Las réplicas siguen siendo una amenaza. «Hoy hubo otra de magnitud 4,4. Y lamentablemente es esperable que continúen. Muchas edificaciones quedaron fisuradas. Si llega otra réplica importante, muchas no van a resistir».

Desde Arepa Viva ya trabajan en la respuesta. Toro adelantó que la organización evalúa mecanismos para enviar ayuda humanitaria a Venezuela de la manera más efectiva posible, mientras en paralelo brindan contención a los venezolanos radicados en Misiones que atraviesan momentos difíciles. «Escuchamos, acompañamos y oramos junto a quienes hoy están atravesando momentos muy difíciles», describió.

Finalmente, hizo un llamado a la sociedad misionera: «Quiero pedirles a los medios de comunicación que nos acompañen cuando pongamos en marcha las campañas solidarias. Necesitamos unir esfuerzos para llegar hasta quienes hoy lo perdieron todo».

Con informacion de Primera Edicion.