La Unidad de Salud Mental y Fonoaudiología Pediátrica del Hospital de Pediatría de Posadas, inaugurada a fines de 2025, recibe consultas de familias de toda la provincia y también de provincias y países vecinos. Con apenas seis profesionales, el área enfrenta una lista de espera de entre 500 y 600 pacientes, lo que da cuenta de la magnitud de la demanda.
Las derivaciones llegan principalmente a través de pediatras, aunque también hay casos en que son los propios padres quienes buscan atención al notar dificultades en el habla o la comunicación de sus hijos. La fonoaudióloga Rocío Wandelow explicó que el proceso arranca con una entrevista familiar para relevar el motivo de consulta y que, tras varias instancias de evaluación, se cita nuevamente a los padres: «una vez concluida la evaluación se cita a los padres y se explica el diagnóstico de haber uno, para pensar si se necesita un tratamiento de fondo o no».
Entre las consultas más frecuentes aparece el retraso en la adquisición del lenguaje en los primeros años de vida. Wandelow señaló que hay «mucha más frecuencia de niños que consultan más temprano, ya por retraso de lenguaje», y que una de las frases más habituales entre las familias es que el niño tiene dos años y todavía no dice palabras. A medida que crecen, las dificultades se vuelven visibles también en la escuela, donde los docentes detectan problemas de pronunciación o de comprensión. En esos casos, según indicó la profesional, ya se empieza a pensar en afecciones del lenguaje que impactan en la comunicación en distintas áreas de la vida.
Las patologías más comunes son los trastornos de los sonidos del habla —cuando la dificultad se limita a la pronunciación— y los trastornos mixtos del lenguaje, que afectan tanto la comprensión como la expresión verbal.
El uso excesivo de tecnología es uno de los factores que los especialistas siguen con mayor atención. Wandelow advirtió que «el uso de pantallas afecta porque la comunicación es un circuito, tiene que haber dos personas involucradas». Cuando un dispositivo reemplaza la interacción humana, el niño queda en un rol pasivo y pierde oportunidades clave para desarrollar el lenguaje. La profesional aclaró que las pantallas no son la única causa, pero pueden actuar como factor predisponente: «si el entorno no genera una ida y vuelta con el niño, está solo la pantalla encendida, cuesta mucho que surjan esas primeras palabras en el tiempo».
Otro fenómeno que se observa con creciente frecuencia es la incorporación de acentos neutros y expresiones tomadas de plataformas digitales y redes sociales. Al respecto, Wandelow señaló que «se ve muchísimo y cada vez es más», aunque aclaró que la preocupación real surge cuando esas formas de hablar dificultan que otras personas entiendan al niño.
El área de Audición también registra una demanda en aumento. Los pacientes llegan derivados por otorrinolaringólogos o a través del programa escolar Prosane. La fonoaudióloga Antonella Silvero destacó que cada vez más familias consultan en forma temprana al notar que su hijo no escucha o no se comunica bien. En cuanto a los diagnósticos más frecuentes, señaló que «en la mayoría de los casos aparecen hipoacusias conductivas, más que nada por los tipos de cambio de clima que tenemos acá en Misiones», aunque también se detectan cuadros neurosensoriales y mixtos.
Sobre el uso de auriculares, Silvero advirtió que exponerse a volúmenes elevados durante más de cinco horas puede generar daños permanentes y difíciles de revertir. Confirmó que ya han atendido pacientes con ese tipo de afecciones, que en algunos casos derivan en hipoacusias neurosensoriales.
Ambas profesionales coincidieron en que la detección temprana, los controles periódicos y el acompañamiento familiar son fundamentales para prevenir trastornos que pueden afectar tanto el aprendizaje como la vida social de los niños.
Con informacion de Primera Edicion.