La crisis económica no solo empuja a más familias hacia los comedores y merenderos: también vacía de voluntarios a las organizaciones que los sostienen. Esa es la paradoja que describe Gionas Borboy, fundador de la Red Alimendar, a partir de la realidad que observan en el territorio misionero.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, Borboy explicó que la caída del voluntariado no refleja una pérdida de solidaridad. El problema, según su diagnóstico, es otro: quienes antes podían destinar tiempo a tareas comunitarias hoy están desbordados por la necesidad de multiplicar sus fuentes de ingreso.
«Las personas que antes podían estar, de repente están con dos o tres trabajos más y no tienen la posibilidad de dar ese tiempo extra que tenían para generar algún tipo de acción», señaló.
La escasez de tiempo golpea incluso a los propios referentes de las organizaciones. El mismo Borboy reconoció que coordinar rescates de alimentos o trasladar donaciones se volvió una tarea compleja. «Uno mismo, que está con la camiseta puesta y es fundador, a veces tiene dificultades para generar un rescate y buscar las maneras de poder desarrollarlo», admitió.
Frente a ese escenario, la Red Alimendar inició un proceso de articulación con Cáritas, Techo, Cruz Roja, Rotaract y Rotary. El objetivo es compartir capacitaciones, relevamientos territoriales e información sobre alternativas de financiamiento para fortalecer el trabajo conjunto.
«Entendemos que tenemos que comenzar a tejer redes. No es una cuestión de que a la gente ya no le importen las problemáticas, sino que existe una falta de tiempo y una dificultad económica», planteó Borboy.
La Red Alimendar ya desarrolló experiencias de trabajo conjunto con Techo, la Universidad Nacional de Misiones y la Cruz Roja, que incluyeron relevamientos en barrios populares y capacitaciones para cocineras comunitarias.
Uno de esos relevamientos se realizó en una zona de Posadas delimitada por las avenidas Quaranta y Mártires y el sector cercano al río. Los resultados identificaron 54 comedores comunitarios en esa área. El 95% de esos espacios es impulsado por mujeres. Cerca del 25% recibe asistencia irregular del Ministerio de Capital Humano de la Nación, una proporción similar trabaja con la Municipalidad de Posadas, y entre el 20% y el 25% mantiene algún vínculo con el Ministerio de Desarrollo Social de Misiones. El resto funciona mediante organizaciones, fundaciones, aportes privados y autogestión.
El dato que más preocupa a Borboy es que la reducción del apoyo externo coincide exactamente con el aumento de la demanda. «Más allá de que se entrega menos y se puede apoyar menos, también se agranda la cantidad de personas que acuden a los comedores. No es solamente que están recibiendo menos, sino que tienen que cubrir a mucha más gente», explicó.
Para sostener las ollas, las cocineras organizan ventas de alimentos y actividades de recaudación. Lo obtenido no alcanza solo para la mercadería: también deben cubrir el costo del gas y otros insumos básicos.
Borboy mencionó como referencia las experiencias de ollas comunes en Lima, Perú, donde la comunidad participa activamente en el sostenimiento de esas iniciativas, y consideró que ese modelo puede aportar ideas para repensar el funcionamiento local, siempre adaptado a las particularidades de cada territorio.
El fundador de la Red Alimendar brindó la entrevista mientras viajaba a Córdoba para participar de la Semana Social organizada por el Episcopado Argentino, donde compartirá experiencias con otras organizaciones y formará parte del cierre del encuentro. El evento incluye talleres y espacios de análisis sobre el rol de las redes comunitarias y su vínculo con los lineamientos de la Iglesia.
Al cerrar, Borboy fue claro sobre cuál sería el escenario ideal: «Ojalá que los comedores no tuvieran que existir y que cada una de las personas pudiera comer en su casa».
Con informacion de Primera Edicion.