Misiones pondrá en marcha un programa binacional para reintroducir al mono carayá rojo en la selva paranaense. Cincuenta ejemplares provenientes de Brasil ingresarán de manera gradual al territorio provincial a partir de agosto, con el objetivo de recuperar una especie que quedó al borde de la desaparición tras la epidemia de fiebre amarilla que azotó la región entre 2007 y 2008.
El director general de Ecología, Franco García Sosa, explicó en diálogo con FM Santa María de las Misiones que el proyecto lleva entre tres y cuatro años de preparación y surge del trabajo conjunto entre distintos organismos.
«Se armó una mesa técnica donde participaron la Fundación Azara, la Fundación NPC, especialistas de Brasil, el Instituto de Biología Subtropical del CONICET, el Instituto Misionero de Biodiversidad, guardaparques y técnicos del Ministerio de Ecología. A partir de capacitaciones, diagnósticos y relevamientos se llegó a la conclusión de que había que repoblar con monos carayá», detalló.
La epidemia redujo drásticamente la presencia de la especie, en particular en la zona de San Pedro y el Parque Provincial Cruce Caballero. Hoy se estima que apenas unos 30 ejemplares permanecen en libertad dentro de la provincia.
Antes de su traslado, los animales deberán superar controles sanitarios y genéticos rigurosos. García Sosa indicó que dos condiciones fueron determinantes: la compatibilidad genética con la población local y la vacunación contra la fiebre amarilla.
«Tenían que ser genéticamente compatibles con los monos que se encuentran actualmente en Misiones y, además, venir vacunados contra la fiebre amarilla, que era el requisito sanitario más importante», precisó.
Los 50 ejemplares llegarán en cinco grupos de diez individuos. Cada grupo cumplirá una etapa de cuarentena en el Centro de Rescate Güirá Oga, en Puerto Iguazú, antes de ser trasladado al Parque Provincial Cruce Caballero. Allí permanecerán en recintos diseñados para reproducir las condiciones del monte nativo en lo que el funcionario describió como una «presuelta blanda», una fase de adaptación previa a la liberación definitiva.
Una vez en libertad, cada grupo será monitoreado durante 30 días mediante drones y con el apoyo de voluntarios capacitados que operarán dentro del área protegida. El programa no contempla el uso de collares satelitales, con el fin de minimizar la interferencia sobre los animales.
«Los voluntarios ya se están capacitando y se definieron los lugares donde trabajarán. El seguimiento será principalmente con drones y durante los primeros 30 días de cada liberación», sostuvo García Sosa.
El proceso completo de reintroducción se extenderá entre uno y dos años, período en el que se evaluará la adaptación de todos los grupos y los resultados del programa.
El director de Ecología subrayó el carácter inédito de la iniciativa al señalar que, a diferencia de experiencias anteriores impulsadas por organizaciones no gubernamentales, en este caso es el Estado provincial quien conduce todo el proceso.
«Es la primera vez que una provincia lleva adelante un proyecto de estas características. Desde Nación destacan que sea el Ministerio de Ecología quien impulsó la iniciativa y realizó todos los trámites necesarios», afirmó.
Con informacion de Primera Edicion.