El temporal que azotó la provincia durante el fin de semana dejó su marca en Oberá. Desde la madrugada del domingo, el municipio puso en marcha un operativo de relevamiento, limpieza y asistencia para atender los daños provocados por las lluvias intensas y la caída de granizo en diferentes barrios.
La primera prioridad fue la asistencia directa a los vecinos afectados. A lo largo de la jornada, los equipos municipales atendieron a 40 familias con problemas en sus viviendas, principalmente daños en techos.
El director de Servicios y Obras Públicas, Marcelo Gross, indicó que el operativo arrancó a partir de un relevamiento inicial coordinado con vecinos, comisiones vecinales y Defensa Civil. Para abarcar más terreno en simultáneo, se organizaron dos equipos que recorrieron al mismo tiempo los sectores más comprometidos.
En materia de limpieza, se desplegaron dos retroexcavadoras para las zonas que requerían maquinaria pesada, mientras otro equipo trabajó con camiones, palas y escobas para retirar sedimentos, ramas y residuos arrastrados por el agua.
Las primeras intervenciones tuvieron lugar en la zona del Mbotaby, donde se removieron obstáculos que impedían el escurrimiento, entre ellos una heladera que había sido arrastrada por la corriente. Los trabajos siguieron sobre la avenida Picada Vieja y en el sector del arroyo Tuichá, en las calles Monte Caseros y Piedrabuena. También se relevaron las intersecciones de Río Cuarto, Andrade y José Hernández para verificar el estado de la vía pública.
Las cuadrillas recorrieron además los barrios Cien Hectáreas, San Miguel y San José. En estos últimos dos, los vecinos destacaron que la limpieza preventiva realizada días antes en el arroyo Lata había contribuido a reducir el impacto de las inundaciones.
El operativo continuó en el barrio Progreso y el sector de Las Palmas, con trabajos de saneamiento y limpieza de zanjas. Por la tarde, las cuadrillas completaron las intervenciones pendientes en el sector de Caballeriza.
Desde la municipalidad aprovecharon para pedir a la comunidad que evite arrojar residuos y objetos en los cauces de los arroyos y en las calles, para no dificultar el escurrimiento del agua ante futuras lluvias.