En el marco de los 50 años de Papel Misionero, la empresa del Grupo Arcor abrió las puertas de su Vivero Forestal para mostrar el proceso técnico que lleva adelante en materia de genética y producción de plantines. Norberto Fernández, gerente de Patrimonio Forestal, guió la recorrida y explicó la transición que está en curso hacia un sistema de producción 100% clonal.
El patrimonio forestal de la compañía en Misiones abarca 24.000 hectáreas. De ese total, 7.000 están dedicadas a la plantación y reforestación de pino, con un turno de rotación de 17 años y un plan anual de 500 hectáreas. El resto del territorio se gestiona como bosques protectores o nativos.
El vivero opera desde 1997 y hoy está inscripto como identificador-certificador ante el INASE y el SENASA. Según explicó Fernández, su origen respondió a la necesidad de abastecer con plantines propios las forestaciones de la empresa, que históricamente dependía de materia prima de terceros.
Actualmente el vivero produce dos tipos de plantines. El tradicional, que parte de semillas cosechadas durante el año, pasa por tratamientos pregerminativos y en aproximadamente seis meses alcanza el tamaño apto para ser llevado al campo. El segundo tipo es el cutting, o clonación por estacas, que implica tomar púas de plantas madres seleccionadas —cuyo comportamiento genético se conoce con certeza— y replicar sus características de manera idéntica.
Hoy la capacidad instalada es de 700.000 plantines tradicionales por ciclo, a los que se suman 100.000 plantines por cutting. La idea, según Fernández, es incrementar gradualmente el volumen del material clonal hasta que constituya la totalidad de la producción.
«Cuando las características requeridas para el material se vuelven cada vez más específicas, y cuando uno apunta a maximizar el rendimiento industrial, la semilla tradicional ya no alcanza. Por eso, hoy en Papel Misionero estamos enmarcados en un proyecto de transición, donde estamos cambiando de forma gradual la producción de plantines de fuente de semilla a plantines de cutting, una tecnología superior», explicó el gerente.
El trabajo de mejora genética se realiza en conjunto con el INTA Montecarlo mediante cruzamientos dirigidos, con un objetivo industrial preciso: obtener madera con longitud y resistencia de fibra adecuadas para la fabricación del papel Kraft ultra poroso y resistente que produce la planta.
Los plantines se desarrollan en bandejas de 90 centímetros cúbicos con 40 cavidades, con un sustrato que incluye fertilizante de liberación controlada. Entre diciembre y abril alcanzan entre 25 y 30 centímetros de altura. Toda la producción se destina a tierras propias: la empresa no comercializa plantines a terceros.
«En ese período de 17 años, la madera alcanza la madurez de fibra ideal que nuestros molinos industriales demandan para la fabricación del papel Kraft», señaló Fernández. Con ese esquema, el abastecimiento propio de materia prima representa alrededor del 35% de lo que requiere la industria.
En términos de sustentabilidad, Papel Misionero cuenta con certificación de carbono positivo —lo que significa que absorbe más carbono del que emite— y con certificación PEFC para su gestión forestal. Dentro de su patrimonio se encuentra además la Reserva Natural y Cultural Papel Misionero en El Soberbio, que protege un remanente de 10.300 hectáreas del Bosque Atlántico y alberga comunidades Mbya guaraní con quienes la empresa desarrolla proyectos productivos y educativos.
Con informacion de Misiones Online.