En Misiones, la ruptura política ya ocurrió. El debate sobre quién se fue, quién se quedó y quién cruzó la puerta tiene los días contados como tema central de la agenda. Lo que viene ahora es más exigente: gobernar.
La última semana dejó señales de que el gobernador Hugo Passalacqua entiende esa transición. La legitimidad de la nueva etapa, en los hechos, no se construye prolongando el conflicto con el pasado sino mostrando resultados concretos.
El Presupuesto 2027 es la expresión más directa de esa orientación. En un contexto nacional de reducción de transferencias y obra pública, Misiones proyectó más de 5,2 billones de pesos y destinó el 63 por ciento a educación, salud y políticas sociales. Dos de cada tres pesos para sostener servicios esenciales.
Pero hay otra dimensión: más del 14 por ciento del presupuesto apunta al desarrollo económico, con obras de infraestructura financiadas con recursos propios y créditos internacionales. La provincia no reemplaza al Estado nacional, pero tampoco decide no hacer nada. Terminar el puente sobre el Pindaytí, intervenir rutas, sostener más de 1.800 kilómetros de caminos, construir redes de agua, escuelas y viviendas son respuestas concretas en un escenario de menor apoyo federal.
En ese mismo plano aparecen decisiones de menor visibilidad pero impacto directo. Una resolución del IPRODHA que establece que, ante una separación con hijos menores, la vivienda quede en manos de quien ejerce el cuidado puede significar para una familia no perder el techo. La garantía de acceso gratuito a la vacuna contra el VPH, cuando una dosis puede costar cientos de miles de pesos, es otra decisión con efecto concreto. La política pública, a veces, opera donde nadie aplaude y nadie corta una cinta.
Hacia afuera de la provincia, Misiones parece haber definido una estrategia de relacionamiento que evita tanto la obediencia automática como el enfrentamiento permanente con el gobierno nacional. La construcción de Argentina Federal y la conformación de una bancada de diputados con representantes de otras provincias apuntan en esa dirección.
Un ejemplo reciente: la media sanción en la Cámara de Diputados para reducir la alícuota del IVA sobre fécula, harina, fariña y derivados de mandioca del 21 al 10,5 por ciento. No resuelve todos los problemas de la cadena, pero modifica una situación que durante años perjudicó a once establecimientos industriales y a unos diez mil productores concentrados en Misiones.
La presencia de Passalacqua junto al presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, en Posadas, y la reunión con el embajador estadounidense Peter Lamelas en torno a la seguridad fronteriza, completan un perfil de gestión que apuesta a mantener abiertos los canales de diálogo con quienes tienen capacidad de decisión.
En ese escenario también reapareció Maurice Closs. El exgobernador, que condujo la provincia durante ocho años y luego quedó al margen de la conversación central del oficialismo, volvió a estar presente junto a Passalacqua, aunque en un rol de acompañamiento y no de conducción. Cuando el gobernador habla de superar los liderazgos absolutos, la imagen de una figura con peso propio que acepta ese lugar le da contenido a la idea.
La ruptura tuvo su tiempo en el debate político. Ahora el desafío es demostrar para qué sirvió. Eso se mide en el presupuesto, en una ruta, en una familia que conserva su vivienda, en un productor que consigue financiarse, en un vecino que recibe una respuesta. El recorrido está en marcha.