La noche del 23 de junio, víspera del día de San Juan Bautista, Misiones se prepara para una nueva edición de una celebración que tiene siglos de historia. Hogueras, saltos sobre las llamas y rituales con agua son parte de una festividad que combina tradiciones paganas y cristianas, y que hoy está presente en barrios de toda la provincia.
El origen de esta celebración es anterior al cristianismo. En el hemisferio norte, la fecha coincide con el solsticio de verano, el día más largo del año, considerado desde la antigüedad como un momento propicio para rituales de purificación, adivinación y curación. En el hemisferio sur, en cambio, el 23 de junio cae en pleno invierno y corresponde a una de las noches más largas del año, lo que también le otorga un carácter especial dentro de la tradición popular.
Con la expansión del cristianismo en Europa, esta noche fue asociada al nacimiento de San Juan Bautista, cuya festividad se celebra el 24 de junio. De esa fusión entre lo pagano y lo religioso nació la Noche de San Juan tal como se la conoce hoy. La tradición llegó a Argentina en la primera mitad del siglo XX, de la mano de los inmigrantes europeos, y echó raíces especialmente en provincias como Misiones, donde esa herencia migratoria es parte constitutiva de la identidad cultural.
El fuego es el elemento central de la celebración. Las hogueras se encienden para quemar objetos, papeles con deseos escritos o pertenencias de las que se quiere desprender, como símbolo de purificación y comienzo de una nueva etapa. Una costumbre extendida es saltar siete veces sobre la hoguera para atraer buena suerte, aunque por razones de seguridad muchos optan por hacerlo sobre una vela. La quema de muñecos, llamados judas, también es una práctica habitual en distintas localidades del país.
El agua tiene un rol igualmente importante. En diversas tradiciones se realizan rituales para la protección y la cura de malas energías, como bañarse en ríos o en el mar a medianoche. Una costumbre particular es la preparación del llamado agua de San Juan: se recoge el rocío de la madrugada y se mezcla con hierbas como lavanda, romero, menta, malva y salvia, recogidas luego de la puesta del sol del 23. La mezcla se deja al aire libre toda la noche para que absorba el sereno de la mañana siguiente. Según la tradición, esa agua protege contra enfermedades, desgracias y envidias.
La noche también está asociada a rituales de adivinación. Una práctica antigua consistía en que las jóvenes dejaran un vaso con agua, clara y yema de huevo al sereno durante la víspera: la forma que tomara el preparado al amanecer, ya fuera la silueta de un barco o una herramienta, indicaba la profesión del futuro marido. Otra costumbre es dormir con hierbas bajo la almohada, como laurel para la prosperidad o romero para la limpieza energética.
En algunas regiones de Italia, como Calabria, se cuelgan ramos de hierbas aromáticas detrás de las puertas de la cocina como protección para el hogar. Esa tradición, que incluye hipérico, artemisia, ruda, ajo y lavanda entre otras plantas, también llegó a estas tierras con los inmigrantes.
Para muchas familias misioneras, la Noche de San Juan es una oportunidad de mantener viva una herencia cultural que atraviesa generaciones y que cada año vuelve a reunir a la comunidad alrededor del fuego.
Con informacion de Misiones Online.