Tres generaciones con tijera en mano: la historia de la peluquería Samudio en Villa Urquiza

La peluquería de los Samudio es una de las más antiguas de Villa Urquiza. Mateo Wenceslao, de 68 años, pasó toda su vida entre esas paredes: nació ahí, creció ahí y sigue trabajando ahí. Corta a la navaja, atiende cortes clásicos y conversa con clientes que lo visitan desde hace casi cinco décadas.

La historia del local arranca con su padre, Julián, que llegó desde Paraguay a los 14 años. Después de recorrer el interior de Misiones y hacer distintas tareas, adquirió el terreno sobre la avenida López Torres y puso en pie el local. Su madre, Luisa Rojas, también vino del país vecino, aunque de niña, y se instaló con su familia cerca de la Placita del Puente. Ahí se conocieron con Julián, que alquilaba una pieza enfrente, y se casaron en la iglesia Inmaculada Concepción, frente a la plaza del barrio.

Según recuerda Mateo, el lugar fue adquirido alrededor de 1953. Con el tiempo, la familia viajó a Buenos Aires, donde su padre trabajó en una peluquería de niños en Capital Federal, pero el regreso fue inevitable: la enfermedad de su madre los trajo de vuelta, y fue entonces cuando comenzaron a reemplazar las paredes de madera por material.

Julián falleció en 1976, cuando Mateo tenía 18 años. El mayor de los hermanos, Ángel Julián, dejó su puesto en la Peluquería Rolón —sobre la calle Colón, donde hoy funciona un banco— para tomar las riendas del negocio familiar. Los dos hermanos trabajaron juntos hasta que Ángel murió hace siete años.

Hoy, Mateo comparte el local con su hijo David. «Estamos bien. Viviendo cada cosa a su tiempo, y viviendo de la peluquería», dijo. La continuidad generacional fue una decisión de David, no una imposición: un día se acercó a su padre y le dijo que quería estudiar peluquería. Optaron por enviarlo a una escuela del oficio antes de transmitirle las técnicas más tradicionales, como el afilado de navaja que Julián le había enseñado hora tras hora a Mateo.

«Estoy agradecido con mis clientes, que son de fierro. Porque algunos siguen viniendo desde lejos, desde hace 48 años. Con ellos conversamos de muchas cosas y algunos se quedan hasta una hora después de haber sido atendidos», destacó.

Padre de seis hijos, con seis nietos y dos bisnietos, Mateo reconoció que le hubiera gustado participar de competencias del oficio, pero que las prioridades económicas siempre estuvieron en otro lado. Hoy su deseo es que las nuevas generaciones sí tengan esa oportunidad.

Con informacion de Primera Edicion.