En Colonia Guaraní, departamento de Oberá, el ingeniero agrónomo Iván Sand tomó una decisión que va a contramano de la industria tealera tradicional: dejó de entregar su producción a los secaderos y retomó métodos artesanales de cosecha y elaboración. El resultado es Alma Annette, el primer establecimiento del país en obtener la certificación agroecológica bajo la Ley Provincial VII-68.
El punto de partida fue la crisis de rentabilidad que afecta a los productores primarios de té en Misiones. «La pérdida de rentabilidad fue el punto de quiebre claramente porque los valores que paga la industria están por debajo de los costos, no hay un margen de rentabilidad y esto se traduce en una descapitalización progresiva de las chacras», explicó Sand en diálogo con Bichos de Campo.
Ante ese escenario, Alma Annette rompió con el circuito industrial. «El té se exporta prácticamente en su totalidad a valor dólar, mientras que a nosotros nos pagan en pesos y por debajo de los costos productivos. Ya no tenemos nada que ver con la industria y empezamos a volver hacia atrás cuando el té se cosechaba a mano y se elaboraba de forma artesanal», sostuvo.
El establecimiento abarca 25 hectáreas donde conviven yerba mate, té, apicultura, ganadería menor con ovejas y animales de corral, monte nativo y cultivos para consumo propio y alimentación animal. Entre las plantas de té se incorporan árboles, frutales y maní forrajero para evitar el monocultivo. «Tratamos de que la chacra misionera sea una extensión inteligente del monte», resumió Sand.
Sobre la elección del modelo, fue claro: «Elegimos la agroecología porque creo que es el sistema que mejor se adapta a nuestras condiciones de trabajo». Para él, ese modelo debe articular precios justos, generación de empleo y cuidado ambiental.
La certificación se obtuvo a través del Sistema Único de Certificación Participativa (SUCP). Alma Annette forma parte del grupo Oberá Agroecológica junto con otras cinco chacras. Las auditorías se realizan una vez al año e incluyen informes de las tareas ejecutadas y la presentación del plan de manejo para el período siguiente.
El emprendimiento trabaja principalmente con té blanco y negro mediante cosecha manual, y también experimenta con variedades verde, azul (oolong), amarillo y postfermentadas. Los productos se comercializan en hebras y en distintas presentaciones de té prensado, con distribución en varias provincias.
Alma Annette recibió premios en la Competencia de Té Artesanal de Sudamérica, y en 2025 Sand fue distinguido por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y la Confederación Económica de Misiones (CEM) en la categoría Impacto Social o Ambiental del concurso Joven Empresario Misionero.
Sand considera que el camino artesanal puede ser una salida para chacras pequeñas, aunque advierte que no es sencillo: «Puede ser una alternativa, una oportunidad. No es fácil cosechar, elaborar, buscar clientes y lograr un té que sea destacado en el mercado».
Al mismo tiempo, insiste en que el problema de fondo no desaparece con la reconversión individual. «El productor tiene que cobrar por su producción, el industrial le tiene que pagar un precio justo, y ese precio justo tiene que contemplar los costos de producción, más los costos laborales y previsionales de la mano de obra más un margen de rentabilidad», afirmó.
El establecimiento también recibe visitas de escuelas de té cuyos integrantes participan de experiencias de cosecha, elaboración y degustación. «Más allá del vínculo entre productores y consumidores se generan, en algunos casos, lazos de amistad que se van manteniendo y se van consolidando a través de los años», concluyó Sand.