Las vacaciones de invierno suelen poner a las familias ante una pregunta difícil: ¿cómo ocupar el tiempo de los chicos sin caer en el caos ni en la sobreestimulación? Miriam Baez, psicopedagoga, profesora de Educación Especial y doctora en Pedagogía, tiene una respuesta que puede sorprender: dejarlos aburrirse.
Baez, radicada en Santa María de las Misiones, señaló que el receso invernal es un período necesario desde el punto de vista neurológico. Explicó que el cerebro aprovecha ese tiempo para consolidar los aprendizajes de la primera mitad del año y recuperar energías antes de retomar las clases.
Para la especialista, el aburrimiento es una herramienta de desarrollo y no un problema a resolver. «Le aporta la posibilidad justamente de crear. Creo que el ser humano, no solo los niños, cualquier persona, cualquier ser humano necesita este tiempo de ocio que allá en antaño utilizaban los filósofos que fueron los primeros pensadores sistemáticos de la historia», sostuvo.
Y fue más lejos: «Las posibilidades de aburrirnos nos traen la posibilidad de crear, de inventar, de poner en juego saberes que tal vez estén dentro nuestro y que por no tener necesidades, muchas veces quedan ahí dormidos, adormecidos. Creo que cuando tenemos estas posibilidades, arranca la creatividad y si tenemos creatividad, tenemos un montón, porque es lo que creo yo, estoy convencida que la creatividad es lo que va a salvar a la humanidad siempre».
Como propuesta concreta, Baez sugirió armar un frasco familiar con papelitos que incluyan ideas de actividades: arte, pintura, teatro, juegos de mesa, cocina, visitas a familiares o salidas al cine. «Uno lo puede hacer en un frasquito, organizar con la familia, con los hijos, amigos, etcétera. Por ejemplo, nos armamos una reunión entre mañana, pasado y decimos, a ver, ¿qué podemos hacer? ¿Qué se nos ocurre? Si un día tocó este, ese día vamos a gestionar cuestiones en relación al arte, la pintura, el teatro, lo que el grupo considere como algo necesario, interesante de hacer. Y cuando sacamos el papelito, es eso lo que se va a hacer», explicó.
En cuanto a las rutinas, recomendó mantener cierta estructura sin rigidez. Señaló que cambios bruscos en los horarios de sueño y alimentación pueden provocar ansiedad y desorganización en los chicos. «Es importante seguir teniendo ciertos hábitos, por ejemplo, la hora del almuerzo. Sería interesante que más allá de que uno duerma un poco más, pero que podamos seguir compartiendo tal vez el almuerzo, la cena, alguna merienda», indicó.
Sobre las tareas escolares en vacaciones, fue categórica: «No estoy de acuerdo con las tareas, sobre todo en ese tono de tarea como castigo, me parece que no suma en absoluto y es contraproducente». Consideró que forzar el estudio en este período puede generar rechazo hacia la escuela y aclaró que el aprendizaje también ocurre a través de experiencias emocionales, sociales y cotidianas.
Respecto al uso de pantallas, advirtió sobre un fenómeno que observa con preocupación. «Se ve lamentablemente cada vez más, niños, adolescentes, tomados, siempre uso esa palabra porque siento que es como que la pantalla está tomando a los sujetos», describió.
Baez recomendó negociar con anticipación los momentos habilitados para el uso del teléfono, las tablets y la televisión, y evitar las pantallas antes de dormir. Explicó que la luz azul que emiten estos dispositivos interfiere con la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, lo que afecta negativamente el descanso. Por eso, subrayó que los adultos también deben dar el ejemplo.
Con informacion de Misiones Online.