Elba Solís tiene 70 años y lleva más de cinco décadas vinculada a la enfermería. Desde 2005 trabaja en el Hospital Pediátrico de Posadas, donde hoy es la referente del consultorio externo 25 del área de Cirugía Pediátrica. Esta semana recibió la distinción «El Ángel de la Selva: Marta Teodora Schwarz», un reconocimiento anual que premia la labor de mujeres misioneras sobresalientes en el campo de la salud.
La noticia la encontró en su lugar habitual: el consultorio. «La verdad que me sentí muy orgullosa, porque es la primera vez que me pasa. Me sorprendieron y espero que el día de mañana le toque a otra compañera», contó Solís sobre el premio, el primero en toda su carrera.
Su historia en la salud arrancó a los 18 años, en Cerro Azul, donde ingresó como mucama en un establecimiento del interior provincial. De ahí se trasladó a Posadas, donde comenzó a formarse en la práctica, en una época en que el aprendizaje se daba directamente en el terreno. «Antes no teníamos facultad, aprendimos ahí adentro. Yo lo hice como instrumentadora y la verdad que esa fue mi pasión también», recordó.
Durante 22 años trabajó en una clínica privada de la capital misionera, hasta que el establecimiento cerró. «Decretaron la quiebra, 45 personas nos quedamos en la calle sin un peso», describió. Ese cierre la llevó, en 2005, al Hospital Pediátrico, donde primero se desempeñó 16 años en internación antes de pasar a los consultorios externos.
Hoy organiza la atención diaria para todos los especialistas de cirugía general y urológica del Pediátrico, y acompaña a los pacientes y sus familias más allá de lo estrictamente clínico. «Ha pasado muchas veces, con muchos padres con tantos problemas. A veces acá no tienen ropita, vienen desabrigados y tratamos siempre de estar con esos pacientes. No podemos cruzar y no ver, o hacer que no vemos, eso no es humano», señaló.
Entre sus particularidades está la de garantizar que ningún niño se vaya sin atención, incluso cuando los turnos escasean. «Hay familias que vienen y me golpean la puerta porque alguno le manda, y me dicen ‘hace dos, tres meses que estoy tratando de tener un turno y no consigo’», contó, y explicó que en esos casos los deriva personalmente a la mesa de entrada. Ella misma reconoció que «son los años que me enseñaron a hacer cosas a veces que no debo hacer», pero fue tajante: «No se va un niño sin atender en consultorio de cirugía, nunca».
A pesar de estar en edad de jubilarse, Solís eligió seguir. «En realidad tengo que jubilarme, pero no lo hice porque estoy muy feliz de estar acá, me cuesta dejar esta institución», aseguró. Y resumió su filosofía de trabajo con una frase: «Lo hago con amor, porque siempre digo que quien elige una profesión la tiene que hacer con amor, si no, no sirve».
La vocación trascendió a su familia. Su hija se recibió de enfermera y hace 11 años trabaja en internación; su nieto, que en un principio había pensado en otra carrera, también terminó eligiendo enfermería y aspira a especializarse como instrumentador. Las dos personas que la acompañaron a la entrega del galardón, realizada en la Cámara de Representantes de Misiones. «Es lo que uno siembra», reflexionó Solís.
Con informacion de Primera Edicion.