Cada año, el jueves posterior al domingo de la Santísima Trinidad, la Iglesia Católica celebra la Solemnidad del Corpus Christi. La fecha no es casual: se eligió ese día de la semana en coincidencia con el jueves en que se conmemora la Última Cena. En muchas diócesis, sin embargo, la celebración se traslada al domingo siguiente para facilitar la participación de los fieles.
La festividad tiene como centro la Eucaristía, el sacramento que la Iglesia define como la presencia viva y real de Jesucristo. Fue durante la Última Cena cuando Cristo instituyó este sacramento al compartir el pan y el vino con sus apóstoles: «Tomen y coman; esto es mi cuerpo» (Mt 26, 26-28).
La palabra Eucaristía proviene del griego eucharistía y significa «acción de gracias», nombre que remite tanto al agradecimiento que Jesús expresó al Padre en el momento de instituirla como al sentido del sacrificio de la Misa.
El Concilio de Trento, en el siglo XVI, estableció que «en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad». Durante la consagración en la Misa, el proceso por el cual el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y Sangre de Cristo recibe el nombre de Transubstanciación.
Dentro del Derecho Canónico, ninguna otra festividad recibe tanta atención como el Corpus Christi. Es, además, una de las cinco ocasiones en el año en que un obispo no puede ausentarse de su diócesis salvo por una razón urgente y grave.
En cuanto a la Comunión, la Iglesia establece que los fieles deben comulgar al menos una vez al año y en estado de gracia, y recomienda hacerlo con frecuencia. El ayuno eucarístico obliga a abstenerse de alimentos y bebidas durante al menos una hora antes de recibir la Comunión, con excepción del agua y los medicamentos. Los enfermos y quienes los asisten quedan eximidos de esta norma.
Desde el punto de vista histórico, la Solemnidad fue establecida en 1246 por el obispo Roberto de Thorete, a sugerencia de Santa Juliana de Mont Cornillon. Años después, tras el llamado milagro eucarístico de Bolsena, el Papa Urbano IV extendió la celebración a toda la Iglesia Universal mediante la bula Transiturus, en 1264. Para esa ocasión, encargó a Santo Tomás de Aquino la composición de un oficio litúrgico e himnos que se siguen entonando hasta hoy.
En el Vaticano, la festividad se celebra el jueves fijado por la tradición. Fue el Papa Juan Pablo II quien trasladó la procesión anual del Corpus Christi desde la Plaza de San Pedro hacia las calles de Roma, dándole mayor visibilidad pública a la celebración.
Con informacion de Primera Edicion.