Créditos de carbono: Misiones certifica 13,1 millones de toneladas y abre una nueva etapa de financiamiento verde

En 2004, frente a la Casa de Misiones sobre la calle Santa Fe en Buenos Aires, un cartel firmado por Carlos Rovira anunciaba la reinauguración del espacio con una leyenda: «Por el desarrollo sostenible». Era mucho antes del Acuerdo de París, mucho antes de que el carbono ocupara un lugar central en las agendas de gobiernos, bancos y organismos internacionales.

Pero en Misiones la idea ya estaba. Y un grupo de misioneros comenzó a empujar esa visión aun cuando la respuesta era, con frecuencia, el escepticismo o la negativa.

Dos décadas después, la certificación de 13,1 millones de toneladas de carbono bajo los estándares de Verra representa, según Malagrida, mucho más que un logro ambiental: es la validación internacional de una estrategia de desarrollo. Los créditos de carbono —conocidos como ECO2— funcionan como un reconocimiento a quienes reducen emisiones o conservan bosques; cada uno equivale a una tonelada de CO₂ evitada. Al certificarlos, la provincia queda habilitada para atraer financiamiento destinado a inversión en conservación, innovación y desarrollo sostenible.

El ministro describe una nueva etapa en la que esa herramienta podría impulsar la transición energética, consolidar la economía circular como industria, abrir mercados para la producción orgánica, generar investigación climática propia y mejorar la movilidad en las ciudades de la provincia.

Durante décadas, el debate planteaba una disyuntiva entre economía y naturaleza. La apuesta de Misiones fue demostrar que ambas podían ir juntas. «El aire es oro», escribe Malagrida. «Y el verdadero desafío recién comienza.»