Cada 26 de agosto se conmemora el Día Internacional contra el Dengue, una fecha que en provincias como Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa adquiere un peso particular. Los brotes no son episodios aislados sino amenazas recurrentes que tensionan los sistemas sanitarios, golpean la economía local y, en los casos más graves, cuestan vidas.
El avance del cambio climático, el crecimiento urbano desordenado y las deficiencias de infraestructura en numerosas comunidades crearon condiciones propicias para que el Aedes aegypti —el mosquito transmisor del dengue— se multiplique sin freno.
La prevención depende tanto del Estado como de cada vecino. El mosquito se reproduce en agua estancada: patios con objetos en desuso, canaletas obstruidas, floreros, tachos y cualquier recipiente que acumule agua son criaderos potenciales. Eliminar esos focos es una tarea cotidiana e ineludible.
Informar, educar y sostener la conciencia comunitaria son acciones que deben mantenerse durante todo el año, no únicamente cuando los números de contagios escalan o cuando la temporada cálida vuelve el problema más visible.
Argentina dispone de una vacuna contra el dengue, pero su implementación sigue siendo limitada. Ampliar el acceso a esa herramienta, en especial en las zonas de mayor incidencia como el NEA, es una necesidad urgente.
El dengue no es un problema exclusivo del verano ni una responsabilidad que recaiga solo sobre el Gobierno. Es una amenaza que se enfrenta de manera colectiva, los doce meses del año.
Con informacion de Primera Edicion.