La ola de frío que azota a Misiones esta semana puso en evidencia la demanda creciente del Centro Nocturno Municipal de Posadas. En la madrugada del martes, la más fría del año hasta ahora, 38 personas sin techo llegaron al lugar en busca de alojamiento, cena y desayuno.
El centro dispone de 44 plazas, pero ya las superó. María Belén Reyes, directora de Asistencia a Niños, Niñas y Adolescentes de la Municipalidad de Posadas y vocera del espacio, explicó que durante el último pico de frío ingresaron 46 personas: «Hubo hombres que casi se quedaron afuera. Por suerte pudimos dar respuesta a todos».
El perfil predominante de quienes asisten son hombres de entre 28 y 48 años, en su mayoría provenientes de otras provincias o localidades del interior misionero. Córdoba y Tucumán son los orígenes más frecuentes, aunque también llegan personas de Buenos Aires, Santiago del Estero, Santa Cruz e incluso Chile. Según Reyes, los más jóvenes «vienen con la idea fija de poder conseguir trabajo acá», la mayoría con estudios primarios o secundarios incompletos.
Los motivos que los llevan a la calle son variados. «Tenemos chicos que no consiguen trabajo, que vienen de otros lugares a ver si pueden conseguirlo acá. Y otros que lamentablemente tienen problemas de consumo y no pueden estar en su casa porque no hay buena relación con la familia», detalló la funcionaria. En el caso de los adultos, agregó que muchos atraviesan dificultades económicas que les impidieron pagar el alquiler o que rompieron vínculos familiares.
El Centro Nocturno inició su funcionamiento formal en enero de 2025, aunque el equipo tiene experiencia previa con la Patrulla Urbana, que recorría distintos puntos de la ciudad para asistir a personas en la vía pública. Hoy organizan tres recorridos diarios —mañana, tarde y noche— para realizar traslados o distribuir abrigo a quienes prefieren no ingresar al centro.
La demanda sostenida preocupa: Reyes señaló que el promedio es de 33 personas por noche y que los números vienen en alza desde el inicio del año. «El año pasado cerramos con 400 personas asistidas. Hoy ya estamos superando las 230 personas que han pasado por el centro nocturno», afirmó.
Los fines de semana y feriados la concurrencia baja, ya que muchos alternan las noches en el refugio con jornadas en la calle realizando trabajos informales —cuidar autos, limpieza— que les permiten sostenerse.
No todos aceptan ingresar al centro. Reyes explicó que algunos prefieren quedarse en la vía pública para no perder su lugar habitual: «A veces no quieren irse porque no quieren perder su lugar. Lo cuidan tanto porque ahí tienen cerca el negocio que les da el pan o la vecina que les pregunta cómo están. Tienen una estrategia de supervivencia y no quieren perderla».
Entre quienes sí concurren hay diez personas que asisten desde hace varios meses, algunas desde la apertura del centro. Son casos complejos que requieren un trabajo más prolongado. «Hay que trabajar mucho no solamente lo económico, sino también la autoestima y el vínculo familiar», señaló Reyes.
Como ejemplo mencionó el caso de una adulta mayor con 16 años en situación de calle que, al llegar al centro, estaba indocumentada y sin acceso a ningún beneficio social. «Hoy tiene su DNI, hace poquito le salió su pensión, así que estamos viendo la posibilidad de otra institución que sea de acuerdo a las necesidades de ella», contó.
Este año el centro incorporó actividades de formación: hay personas que retomaron los estudios primarios y otras que participan en talleres de cocina. Reyes subrayó que el objetivo va más allá del alojamiento: «El abordaje es complejo, porque no es solamente darle un lugar donde dormir, sino que después ellos puedan salir de esa situación, porque si no, vuelven a recaer».
Con informacion de Primera Edicion.