El otoño transcurrió sin grandes sobresaltos para las chacras misioneras. Las heladas registradas en mayo y junio fueron escasas y poco intensas: apenas cuatro eventos a la intemperie en el primer mes, con un piso de 1,6 grados bajo cero, y una baja máxima de 1,8 grados bajo cero en junio, la más pronunciada de la temporada. Los daños en las plantaciones, por ahora, son mínimos.
Así lo describió el agrometeorólogo José Olinuck, quien precisó que las bajas temperaturas afectaron principalmente pasturas y pasto elefante en zonas bajas del relieve, donde el frío se acumula con mayor intensidad. Para el resto de los cultivos, el impacto fue prácticamente nulo.
Olinuck valoró positivamente estas «heladas suaves» porque permiten que las plantas atraviesen un proceso gradual de adaptación. Explicó que las plantas se van preparando por si ocurren heladas muy intensas en julio o a fines de junio, lo que les da mayor resistencia frente a episodios extremos.
El momento en que se producen las heladas resulta determinante para los productores. Si las bajas temperaturas fuertes llegan temprano en el invierno, el sector ganadero es el más comprometido, ya que las pasturas quedan sin reservas para los meses siguientes. En cambio, cultivos anuales como el maíz, la mandioca o el poroto no se siembran en esta época, por lo que no corren riesgo inmediato.
El escenario más crítico se daría con heladas tardías en agosto o septiembre, cuando las plantas ya están en etapas de brotación y floración. Olinuck advirtió que «ante heladas fuertes en los primeros días de septiembre es común que en la provincia se pierda la primera cosecha de té, y también pueden sufrir serios daños las plantaciones de maíz, tabaco o mandioca que estén ubicadas en las zonas más bajas».
Más allá del invierno, la principal alerta apunta al mediano plazo. El especialista confirmó la consolidación del fenómeno de El Niño y señaló que «en este momento, ya coinciden la mayoría, por no decir casi todos, en que el Niño va a ser muy intenso». Según indicó, el evento «puede ser tan fuerte como en 2014 y 2015, que fueron dos años seguidos que fueron los más intensos y donde se habían superado, incluso, 3.034 milímetros de lluvia en 2014 y 2.992 milímetros en el 2015». En ese marco, anticipó que «las consecuencias, por supuesto, pueden ser muy negativas» para el agro.
Ante el aumento de precipitaciones previsto desde mediados de julio, Olinuck formuló una serie de recomendaciones para los productores de la región. Sugirió optimizar el manejo del agua en los caminos internos de las chacras para garantizar el acceso y la salida, y desaconsejó sembrar mandioca en terrenos bajos, priorizando suelos con mayor altura y mejor drenaje para evitar el ataque de hongos que pudren las raíces por exceso de humedad.
También recomendó adelantar la extracción de madera antes de que las lluvias ablanden el suelo y compliquen el trabajo forestal. Para la ganadería, advirtió que el barro generado por las precipitaciones afectará el rendimiento de las pasturas debido al pisoteo intensivo del ganado.
Con informacion de Primera Edicion.