Mayra Naylén Gallardo tiene 22 años, nació en Oberá y trabaja como maestra mayor de obras. Este año es la representante de la Colectividad de República Checa en la Fiesta Nacional del Inmigrante, un rol que no le llegó de casualidad sino a través de años de participación activa y de una historia familiar que la conecta directamente con esa cultura europea.
Su vínculo con la colectividad comenzó a los 15 años, cuando empezó a ayudar en la cocina y como moza durante los eventos, siempre en un segundo plano mientras acompañaba a su hermana en el ballet. Fue en ese contexto donde comenzó a preguntarse por sus propios orígenes y por las costumbres del país que sus bisabuelos habían dejado atrás.
La historia migratoria de su familia arranca en el norte de la actual República Checa, en la región de Bohemia y la ciudad de Pilsen. Sus bisabuelos maternos emigraron tras la Segunda Guerra Mundial con destino a Brasil, donde se radicaron primero en Nova Petrópolis y luego en Santa Catarina, provincia donde nació su abuela. Años después, esa abuela conoció a un argentino que viajaba con frecuencia a Brasil, se casaron y decidieron vivir en Argentina, lo que eventualmente hizo posible el nacimiento de Mayra en este país.
Las tradiciones checas que Mayra conoció llegaron principalmente a través de sus abuelos. «Todo lo que pude aprender un poquito de lo que es la comida y demás, o algunas costumbres que tenían en República Checa era en las Pascuas, ellos hacen la pintura en los huevitos de Pascuas», contó. Esa práctica de decorar huevos para repartir entre la familia es uno de los legados culturales que más valora y quiere preservar.
Con el tiempo, su compromiso con la colectividad fue creciendo. «Desde ahí no me fui más de la colectividad Checa, siempre estuve involucrada en todos los eventos que habían», afirmó. Esa presencia continua le permitió integrarse al grupo y conocer de cerca a sus miembros.
La Fiesta Nacional del Inmigrante tiene para ella un peso emocional particular. «Personalmente, la fiesta produce un enorme sentimiento en mí porque me hace recordar lo que me contaban mis abuelos sobre el viaje que hicieron mis bisabuelos en su tiempo al emigrar», señaló. También valoró el esfuerzo colectivo que implica el evento: «El ver toda la gente reunida, la gente trabajando en equipo también desde las colectividades para dar lo mejor a quienes nos visitan», describió.
«Todo eso produce un gran sentimiento de amor, de cariño, de orgullo», resumió Mayra, al reflexionar sobre el hecho de ser hoy ella quien mantiene vivas las costumbres que sus abuelos le transmitieron.