La Noche de San Juan vuelve a reunir a comunidades de Misiones, Corrientes, Paraguay y el sur de Brasil cada 23 de junio. La celebración, ligada a la festividad de San Juan Bautista, tiene origen en antiguas ceremonias europeas vinculadas al solsticio de verano que, con el tiempo, se fueron entrelazando con la cultura guaraní y criolla hasta convertirse en una de las noches más simbólicas del nordeste argentino y la región.
Una de las pruebas más conocidas es el Tata Jehasá: caminar descalzo sobre brasas encendidas. Muy practicada en Paraguay y en localidades de frontera, representa la purificación y el coraje. Otra atracción histórica es el Toro Candil, una estructura con forma de toro cargada de fuegos artificiales que recorre el predio entre los asistentes, generando corridas y adrenalina.
El Globo de San Juan, confeccionado con papel y una pequeña llama interior, es otro símbolo de la festividad. Aunque su lanzamiento está prohibido en muchos lugares por el riesgo de incendios, sigue siendo uno de los recuerdos más asociados a esta noche.
La fecha también convoca a una serie de rituales de adivinación. Uno de los más difundidos consiste en romper un huevo dentro de un vaso con agua y dejarlo reposar hasta el amanecer: las formas que toma la clara se interpretan como señales sobre el amor, el trabajo, los viajes o la economía. En Paraguay es popular la tradición de las tres papas: una pelada, otra a medio pelar y una con cáscara se colocan debajo de la cama antes de dormir, y la que se toma al despertar sin mirar anticipa, según la creencia, la situación económica del año. Las jóvenes, por su parte, suelen escribir nombres en papeles, colocarlos bajo la almohada y elegir uno al azar al despertar, con la convicción de que podría corresponder a una futura pareja.
Más allá de los juegos y rituales, la Noche de San Juan es también un encuentro comunitario organizado alrededor del fuego y la comida. El mbejú, la chipa, la sopa paraguaya, el chicharrón trenzado y el pajagua mascada forman parte de la mesa típica que congrega a familias y vecinos.
Aunque algunas costumbres fueron perdiendo terreno con los años, muchas localidades del nordeste argentino y Paraguay sostienen actividades para mantener viva una tradición que forma parte de la identidad cultural de la región. La expresión en guaraní «Ára San Juan ára vy’a» —«El día de San Juan es día de alegría»— resume el espíritu de una celebración que sigue convocando a grandes y chicos de generación en generación.
Con informacion de Misiones Online.