Sayju: la productora misionera que logró elaborar uno de los tés más difíciles del mundo

En la cuarta edición de la Expo Té Argentina, realizada en el Parque del Conocimiento de Posadas, uno de los productos que más atención generó fue un té amarillo artesanal elaborado por la productora misionera Amalia Inés Radovancich. La variedad, bautizada Sayju, es considerada una de las más difíciles de producir en todo el mundo tealero.

El proceso comienza con una cosecha altamente selectiva, condicionada por el clima y limitada a determinados brotes. A partir de ahí, la elaboración puede extenderse durante unas 20 horas de trabajo ininterrumpido. «Tenés que manejar la humedad de las hojas, la humedad interna de la hebra, controlar la temperatura del wok y adaptar cada paso según la calidad del brote. No podés dejar el té y seguir después, tenés que acompañarlo continuamente», explicó Radovancich.

La temperatura del proceso puede oscilar entre los 100 y los 300 grados según el estado de la materia prima, y cada decisión tomada impacta directamente en el perfil final de la infusión. El resultado, según describió la productora, es un té suave, envolvente y con marcado umami. «Es un té muy difícil de lograr, pero es muy rico. Tiene un retrogusto que se puede disfrutar sin ser invasivo», señaló.

El nombre Sayju significa «amarillo» en guaraní, aunque Radovancich tardó años en decidirse a utilizarlo. La duda tenía que ver con el respeto hacia los pueblos originarios: ponerle un nombre en su lengua a un cultivo que no forma parte de la flora autóctona de la selva paranaense le generaba reparos. «Me parecía que podía ser una forma de invadir su cultura lingüística», recordó.

Fue la opinión de una participante uruguaya en uno de sus talleres la que cambió su perspectiva. «Me dijo que al ponerle un nombre en guaraní también estaba ayudando a que más personas conocieran que esa cultura sigue viva. Ahí entendí que podía ser un homenaje», relató. Desde entonces, Sayju lleva ese nombre como reconocimiento a la presencia histórica de los pueblos originarios en el territorio donde hoy se desarrolla la actividad tealera.

La escala de producción es, por fuerza, muy reducida. La cosecha requiere mano de obra especializada y los rendimientos son bajos: «Hay días en que una persona cosecha apenas 300 o 500 gramos. No rinde económicamente y además es muy difícil conseguir mano de obra que pueda trabajar con estas exigencias», señaló la productora. A eso se suma que el proceso no puede interrumpirse una vez iniciado y depende de condiciones climáticas precisas.

Por esas razones, Sayju se mantiene como una elaboración artesanal orientada a consumidores de tés de especialidad. Para Radovancich, el valor del proyecto está en haber logrado desarrollar esta variedad en Misiones, una provincia cuya producción tealera está orientada principalmente a la exportación de tés convencionales. «Es increíble que del otro lado del continente alguien se haya animado a hacerlo y haberlo conseguido», afirmó.

Con informacion de AgroMisiones.