Apuestas digitales y adolescentes: cómo el Mundial potencia un fenómeno que preocupa a especialistas

Las apuestas digitales vienen creciendo entre los adolescentes con una velocidad que ya encendió alarmas en el sistema de salud. Un informe de la Cruz Roja Argentina, realizado en escuelas de 16 provincias, indica que ocho de cada diez jóvenes tienen exposición al juego online, ya sea de forma directa o a través de su entorno.

El Mundial de Fútbol suma un factor de riesgo adicional. La intensidad emocional que genera la Selección, combinada con la presencia masiva de publicidades de apuestas en redes sociales y televisión, construye un ambiente especialmente propicio para que el juego online se expanda y se normalice entre los más jóvenes.

Florencia Alfie, psicóloga especialista en adolescencia, señaló que el tema aparece con creciente frecuencia en su consulta. «A veces llegan los padres preocupados y angustiados porque descubren movimientos de dinero, cuentas en plataformas o cambios en el comportamiento de sus hijos. Otras veces aparecen indirectamente en la consulta cuando los adolescentes cuentan que todos sus amigos apuestan, que lo hacen para divertirse o para sentirse parte del grupo», describió.

Las plataformas de apuestas se apoyan en esas emociones y utilizan figuras como streamers y deportistas para captar al público joven. Alfie explicó que los adolescentes tienen menos herramientas para evaluar los riesgos por la etapa de desarrollo que atraviesan: «La adolescencia es una etapa donde el cerebro todavía está madurando, especialmente la zona prefrontal, que es el área relacionada con el control de impulsos, la planificación, la organización, la toma de decisiones y la evaluación de sus consecuencias».

Eso hace que la recompensa inmediata pese más que los riesgos futuros. Según la especialista, las plataformas están diseñadas precisamente para aprovechar esa característica: las notificaciones, los bonos de bienvenida y la posibilidad de apostar en tiempo real durante un partido «generan una sensación de urgencia y de participación permanente».

Los motivos por los que un adolescente apuesta son variados. «En algunos casos buscan emoción, adrenalina o diversión. En otros, pertenecer a un grupo, no quedarse afuera de una conversación o una actividad que hacen sus pares. También puede aparecer la ilusión de ganar dinero rápido y sin esfuerzo, algo especialmente atractivo en una etapa de la vida donde todavía se está construyendo la capacidad de evaluar riesgos y consecuencias a largo plazo», detalló Alfie.

El fútbol agrega una capa adicional de vulnerabilidad. Durante eventos masivos como el Mundial, la exposición a publicidad y conversaciones sobre apuestas «aumenta considerablemente, lo que contribuye a normalizar la práctica», advirtió la psicóloga. A eso se suma que el deporte «despierta emociones muy intensas: pasión, expectativa, identificación con equipos y jugadores. Las apuestas se apoyan justamente en esas emociones».

También incide la percepción de conocimiento: «muchas personas sienten que saben de fútbol y que pueden anticipar resultados», lo que puede llevar a subestimar el riesgo. En los adolescentes, esto se profundiza cuando la apuesta funciona como actividad grupal, «simplemente porque todos los demás lo hacen, para no ser el distinto, para no quedar afuera».

Alfie enumeró algunas señales a las que estar atentos en el entorno familiar: pedidos repetidos de dinero sin explicación, cambios bruscos en el uso del dinero, preocupación excesiva por resultados deportivos, necesidad de estar conectados durante los partidos, irritabilidad e intentos de ocultar actividades online. «Ninguna de estas señales por sí sola confirma un problema, pero sí pueden indicar que vale la pena conversar y estar atentos», aclaró.

Si se detecta que un adolescente está apostando, la psicóloga recomendó no reaccionar desde el pánico ni el enojo. «Conviene preguntar, escuchar y tratar de entender qué pasó: cuánto apostó, cómo llegó a hacerlo, con quiénes lo hace y qué significado tiene para él. No ayuda responder con castigos, sermones o acusaciones. Si el adolescente siente que será juzgado, probablemente la próxima vez oculte la información en lugar de pedir ayuda», advirtió.

En ese sentido, Alfie propuso aprovechar el Mundial como punto de partida para la conversación. Cuando aparece una publicidad de apuestas durante un partido, sugirió convertirla en un intercambio: «Podemos preguntarles ‘¿Qué les parece este mensaje?’, ‘¿Por qué creen que estas empresas invierten tanto en publicidad?’ o ‘¿Qué riesgos creen que puede tener apostar?’. No se trata de dar una clase, sino de fomentar el pensamiento crítico y generar un espacio donde los adolescentes puedan expresar lo que piensan».

Para la especialista, lo esencial es la disponibilidad adulta: «Los adolescentes necesitan información, diálogo y adultos disponibles. Lo más importante es no reducir la conversación a una prohibición».

Con informacion de Primera Edicion.