Durante la primera semana de junio, San Pedro, Gobernador Roca, Jardín América, Capioví y Santa Rita fueron escenario de una serie de talleres orientados a fortalecer las capacidades locales en mejoramiento de semillas y conservación de la agrobiodiversidad. Participaron productores, técnicos, docentes y estudiantes de distintos puntos de la provincia.
Las actividades se desarrollaron en el marco del proyecto Raíces, una iniciativa que opera en Argentina, Bolivia y Brasil con financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) a través de la Unión Europea. En Argentina, el proyecto trabaja en Misiones y Jujuy, territorios elegidos por su riqueza biológica y cultural, y por la presencia de sistemas productivos campesinos, indígenas y de agricultura familiar.
La capacitación estuvo a cargo del equipo técnico del proyecto, con la participación de Humberto Ríos Labrada, consultor del FIDA y especialista internacional en Fitomejoramiento Evolutivo (EPB), junto a técnicos del INTA y organizaciones vinculadas a la iniciativa.
El enfoque central de los talleres fue el Fitomejoramiento Evolutivo, una metodología basada en poblaciones genéticamente diversas que se adaptan de manera continua a las condiciones ambientales y a la selección que realizan los propios agricultores. A diferencia del mejoramiento genético convencional, esta propuesta coloca a los productores como protagonistas del proceso, y no como simples receptores de tecnología.
Silvina Fariza, coordinadora del proyecto Raíces en Misiones e investigadora del INTA, explicó que la metodología apunta a potenciar los materiales genéticos que los agricultores familiares vienen conservando y seleccionando desde hace generaciones. «Estos talleres los hemos denominado mejoramiento genético participativo y evolutivo porque es una de las metodologías que propone el proyecto Raíces, que tiene que ver con mejorar las semillas que los pequeños agricultores vienen conservando durante tantos años», señaló.
Fariza subrayó además la importancia de construir soluciones de manera conjunta, combinando ciencia y saberes territoriales. «Lo que el proyecto Raíces nos está proponiendo es poder hacerlo juntos, escuchando y viendo qué es lo que realmente el pequeño agricultor está necesitando para que nosotros, mediante la técnica y la ciencia, podamos aportarles», afirmó.
Los talleres incluyeron instancias teóricas, intercambio de experiencias y trabajo práctico orientado al diseño de programas de mejoramiento para cultivos de interés local. Se abordaron temas como la elección de especies y variedades, los criterios de selección y el diseño de ensayos para desarrollar semillas más adaptadas a los desafíos productivos y climáticos de cada zona.
Ríos Labrada destacó que el valor del enfoque está en que las semillas evolucionen en los mismos territorios donde serán usadas. «Lo que hemos buscado con estos talleres primeramente ha sido buscar una semilla que sea adaptada a las condiciones agroecológicas, que va a ser manejada por los propios productores», explicó. El especialista también señaló que la metodología implica un cambio de rol para los investigadores: «Los científicos acá cambiamos el rol. Buscamos que los campeones de la selección y difusión de las semillas sean los propios productores».
Sobre el potencial de Misiones en particular, Ríos Labrada fue contundente: «Acá en Misiones lo que vemos es que hay una diversidad de semillas impresionante; lo que falta es pulir ese diamante en bruto y posicionarlo luego en el mercado».
Las actividades también involucraron a docentes y estudiantes de escuelas agrotécnicas, organizaciones sociales y comunidades mbya guaraní, con el objetivo de que las capacidades adquiridas permanezcan en los territorios más allá de la duración del proyecto. Misiones, por su diversidad agrícola y por las comunidades que conservan e intercambian semillas desde hace generaciones, ocupa un lugar central en esta iniciativa.
Colaboración: Francisco Pascual y Martín Ghisio.
Con informacion de Primera Edicion.